El marcador somático

10.04.2019

Los marcadores somáticos son esas sensaciones que percibe el cuerpo asociadas a las emociones, sentimientos y estados de ánimo, como los latidos cardíacos rápidos con la ansiedad, las náuseas con el asco o cuando te erizas al escuchar el rechinar de una puerta a oscuras, e influyen indudablemente en la toma de decisiones posterior, desligando esa elección premotora de lo puramente racional.

Elegimos y decidimos en situaciones complejas e inciertas, principalmente, porque sentimos. Son cambios en los estados del cuerpo y del cerebro en respuesta a los estímulos. Los cambios fisiológicos ocurren en el cuerpo y se transmiten al cerebro, donde se transforman en una emoción que nos dice algo sobre el estímulo que ha encontrado. Con el tiempo, las emociones y sus correspondientes cambios corporales o marcadores somáticos, se asocian con situaciones particulares y sus resultados pasados.

Damasio (1994) propuso este modelo para explicar el razonamiento y la toma de decisiones teniendo en cuenta las emociones (y la motivación) como filtro ejecutivo de un comportamiento adaptativo. Es decir, las emociones son estados motivacionales que juegan un rol capital en la evaluación de los medios (acciones) para alcanzar los fines (objetivos) y su adecuación social. En este sentido, el marcador somático forzaría la atención hacia las consecuencias de una acción determinada, funcionando como una señal de alarma automática ante lo inadecuado de algunas decisiones. Esta señal, básicamente emocional, puede llevar a rechazar inmediatamente el curso de la acción, guiando hacia otras alternativas que resuelvan la incertidumbre.

El rol de la corteza prefrontal ventromedial en el funcionamiento ejecutivo, según este modelo, se puede explicar a través de su papel como región para procesar información emocional importante en muchos aspectos de la toma de decisiones, especialmente en contextos sociales, y bajo condiciones de incertidumbre, ambigüedad y conflicto. La experiencia adquirida con pacientes que sufrieron DCA en esta región y la amígdala explica que, aunque mantuvieran un perfil neuropsicólogico adecuado en laboratorio, podían plantear problemas en la ejecución de la toma de decisiones con una raíz de tipo emocional o motivacional y, por lo tanto, emitir respuestas inadaptadas.

Cuando decidimos actuar, en un sentido u otro, debemos evaluar las opciones de respuesta disponibles, empleando procesos cognitivos y metacognitivos, como las emociones. De lo contrario, ante situaciones inciertas y conflictivas, podemos ser incapaces de usar meramente los procesos cognitivos, que pueden sobrecargarse y dar lugar al bloqueo. Las emociones en consecuencia son la guía, según Damasio, a la hora de tomar de decisiones. En un futuro, y a la hora de actuar posteriormente, estos marcadores somáticos y sus emociones evocadas se asocian consciente, o inconscientemente, con sus resultados pasados ​​e influyen en la toma de decisiones en favor de algunos comportamientos en lugar de otros.

Por ejemplo, cuando se percibe un marcador somático asociado con un resultado positivo, como sentir la necesidad de satisfacerse sexualmente y cabalgar hasta la petite mort o estar con esa persona a la que quieres porque te hace tremendamente feliz, dichos marcadores nos motivarán para perseguir ese comportamiento y, a ser posible, repetirlo. Cuando se percibe un marcador somático asociado con un resultado negativo, la persona puede sentirse triste, atemorizada o ansiosa, lo que actúa como una alarma interna para advertir al individuo que evite ese curso de acción.

Según la hipótesis, dos vías distintas reactivan las respuestas de los marcadores somáticos. En la primera vía, la emoción puede ser evocada por cambios en el cuerpo que se proyectan al cerebro, lo que se denomina bucle corporal. Por ejemplo, encontrarse con un elemento temido instintivamente, como una serpiente, puede iniciar la respuesta de lucha o huida y causar miedo. En la segunda vía, las representaciones cognitivas de las emociones que elicitan el poder imaginar una situación desagradable, como si estuvieras en esa situación particular, pueden activarse en el cerebro sin ser provocadas directamente por un estímulo sensorial, llamado bucle como-si o de simulacro, sólo por el hecho de imaginarlo. ¿Somos, entonces, elementos racionales que sienten o al revés? ¿Es la realidad un simulacro de la misma o somos artífices de ella?

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Referencia:

Damasio, Antonio R. (1994). El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano. Random House.