Psicopatía (2ª parte). Más allá del ‘Valle Inquietante’.

06.05.2019

El ‘Valle Inquietante’ es una suerte de disonancia cognitiva característica de la respuesta emocional que ocurre cuando nos encontramos con una entidad que es casi, pero no del todo, humana. La primera vez que se planteó este término fue en 1970 por el robotista japonés Masahiro Mori, quien identificó que a medida que los robots se hacían más humanos, la gente los consideraría más aceptables y atractivos que sus homólogos mecánicos, pero esto solo se mantiene hasta cierto punto.

Cuando estamos delante de elementos artificiales que no pretenden asemejarse a nosotros, como los peluches o los dibujos animados, no nos produce por lo general una sensación desagradable. Sin embargo, cuando estamos cerca de alcanzar la apariencia humana, pero no del todo, podemos desarrollar una sensación de desconfianza, incomodidad e, incluso, malestar. Si la semejanza humana aumenta más allá de este punto y se acercan mucho al ser humano, la respuesta emocional vuelve a ser agradable y deja de haber inquietud. Es por esta inmersión distintiva en la relación entre semejanza humana y respuesta emocional con forma de U por lo que se llama valle.

Cualquier cosa que tenga una apariencia muy humana puede estar sujeta a este extraño efecto pero los ejemplos más comunes son androides, personajes de videojuegos (y cualquiera que emplee CGI con intención realista) o ciertas muñecas, aunque también lo hemos encontrado en entornos de realidad virtual. Sin embargo, no todos los robots casi humanos son espeluznantes, y esa sensación de inquietud varía de una persona a otra. Entonces, ¿qué evidencia existe del efecto?

Desde 1970, el efecto del valle inquietante ha sido explorado desde muchas perspectivas, con el interés práctico de los roboticistas y programadores hasta los enfoques teóricos de los filósofos y los estudios experimentales realizados por psicólogos cognitivos. La investigación comenzó en serio a partir de 2005, cuando Karl MacDorman y Takashi Minato tradujeron el documento original de Mori al inglés. Desde entonces, el interés en el área se ha expandido rápidamente. Aunque el efecto es fácil de describir y se percibe  cuando se observan algunos ejemplos parecidos a los humanos, es muy difícil investigar un concepto tan circular, autorreferencial y subjetivo. Los académicos, incluso, participan en un debate activo sobre si existe un valle inquietante: Jari Kätsyri y sus colegas revisaron recientemente este planteamiento y llegaron a la conclusión de que el efecto sigue siendo difícil de describir con certeza.

Por otro lado, Maya Mathur y David Reichling estudiaron 80 robots del mundo real y encontraron un claro efecto en lo que a la gente le gustaba y estaba dispuesta a confiar. Sus datos sí mostraron el clásico aumento y caída del efecto que Mori predijo originalmente con los robots originales, pero en este caso con imágenes CGI creadas para variar sistemáticamente la apariencia humana. El desafío ahora es explicar por qué sucede esto, pero en este momento hay tres teorías que parecen particularmente prometedoras.

Primero, el valle podría darse en el límite donde algo se mueve de una categoría a otra, en este caso, entre lo no humano y lo humano. Christine Looser y Thalia Wheatle miraron caras de maniquíes que se transformaron en caras humanas, y encontraron el valle en el punto donde la cara inanimada comenzó a cobrar vida. En segundo lugar, la presencia de lo inquietante puede depender de si somos capaces de creer que las entidades casi humanas poseen una mente, como lo hacemos nosotros. Otro estudio, en este caso realizado por Kurt Gray y Daniel Wegner, encontró que los robots solo se mostraban inquietantes cuando la gente pensaba que tenían la capacidad de sentir y experimentar cosas, y los robots que no parecían poseer una mente no daban miedo.

Por último, otro planteamiento para futuras investigaciones es que el valle ocurra debido a desajustes entre la apariencia y / o el comportamiento del robot. El trabajo de Angela Tinwell ha analizado muchos tipos de desajustes, incluida la sincronización del habla, la velocidad de la misma y las expresiones faciales. En un estudio de 2013 se descubrió que los personajes virtuales casi humanos recreados con ordenador que reaccionaron a un ruido mostrando sorpresa en la mitad inferior de las facciones de su cara (y no en la superior) eran particularmente inquietantes. El estudio sugirió que esto podría, incluso, recordar el patrón de comportamiento expresivo exhibido por los humanos con rasgos psicopáticos analizándose, además, las respuestas de los rostros con diferentes expresiones emocionales que se muestran en los ojos y en el resto del rostro. Se descubrió que las combinaciones más extrañas eran aquellas en las que las caras felices se combinaban con ojos temerosos, tristes o enojados, posiblemente sugiriendo que los personajes estaba tratando de reprimir una emoción desagradable.

La ciencia avanza rápidamente y crea robots cada vez más realistas. El valle no existiría si un robot no se pudiera distinguir de un humano, porque ya no habría una caída relativa en la respuesta emocional. Otros, sin embargo, creemos que siempre será posible distinguir lo artificial de lo humano porque a medida que los robots se vuelven más realistas, también seremos más sensibles y siempre podremos decir que algo no anda bien. Somos una sociedad de especialistas, que no se os olvide.

Sin embargo, ciertamente todavía no hemos llegado a ese punto, y de vez en cuando encontramos que el efecto del valle inquietante es un elemento capital de este período en particular en la historia de los autómatas, cuando las representaciones artificiales se distinguen claramente de las humanas, y para algunos no poder distinguir entre robots y humanos, por ejemplo, puede provocar problemas más allá de ser espeluznante. Después de diez años fascinado con esta idea y toda una vida con la ciencia ficción, imaginando otros mundos y futuros que pueden llegar o no (o quizás no deben llegar nunca), tengo muy claro que dicha fascinación ha de ir de la mano de ese escalofrío sensato cuando miras algo que, aunque lo pretenda, no está ahí.

[Primera parte]

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La imagen está realizada con CGI y pertenece al capítulo ‘Beyond the Aquila Rift’ de la serie de Netflix ‘Love, Death & Robots’.

 

Referencias:

Gray, K., Wegner, D. (2012). Feeling robots and human zombies: Mind perception and the uncanny valley. Cognition, 29, 4. doi:10.1016/j.cognition.2012.06.007

Kätsyri, J., Förger, K., Mäkäräinen, M., & Takala, T. (2015). A review of empirical evidence on different uncanny valley hypotheses: support for perceptual mismatch as one road to the valley of eeriness. Frontiers in psychology6, 390. doi:10.3389/fpsyg.2015.00390

Looser, C., Wheatley, T. (2010). The tipping point of animacy: how, when and where we perceive life in a face. Psychological Science, 21,12. doi: 10.1177/0956797610388044

Mathur, M., Reichling, D. (2016). Navigating a social world with robot partners: A quantitative cartography of the Uncanny Valley. Cognition146. doi:10.1016/j.cognition.2015.09.008.

Mori, M., MacDorman, K. (2012). The Uncanny Valley. IEEE Robotics & Automation Magazine, 19, 2. doi: 10.1109/MRA.2012.2192811.

Tinwell, A., Nabi, D.A., Charlton, J.P. (2013). Perception of psychopathy and the Uncanny Valley in virtual characters. Computers in Human Behavior, 29, 4. doi10.1016/j.chb.2013.01.008.