Borderline (1). Too fast, too furious.

Psiquiatría & Psicología Evolucionista

La ecología del comportamiento se enfoca en la variación de la conducta tanto entre especies como dentro de las mismas y su contingencia en las condiciones ambientales. Un importante concepto ecológico conductual denominado Teoría de la Historia de la vida (LHT) se refiere a la asignación diferencial de recursos de un organismo al crecimiento físico y la reproducción. Dicho de otra manera, existe un compromiso entre la capacidad de un organismo para invertir energía en el crecimiento somático en oposición a la inversión de energía en la actividad reproductiva, lo que da como resultado diferentes Estrategias de Historia de Vida (LHS) conformadas por la selección natural. En consecuencia, la tasa de crecimiento, la edad y el tamaño corporal en la maduración sexual, el número y el tamaño de la descendencia, la tasa de mortalidad, la longevidad, etc. son rasgos biológicos modelados por contingencias ambientales.

El momento de la maduración biológica, la actividad sexual y la intensidad del cuidado de la descendencia están regulados por las hormonas sexuales, el sistema de respuesta al estrés y los neuropéptidos. Sin embargo, las LHS también tienen ramificaciones profundas para la configuración del comportamiento interpersonal, incluida la cooperación, la reciprocidad, la agresión y la formación de parejas, así como para dominios neurocognitivos como la toma de decisiones en conductas de riesgo, el funcionamiento ejecutivo y el control inhibitorio. De acuerdo con el “Modelo de Calibración Adaptativa”, las diferencias individuales en la regulación del estrés, en función de la interacción compleja gen-ambiente, pueden traducirse en diferentes estrategias adaptativas, que pueden cambiar el desarrollo somático y los mecanismos psicológicos de una persona hacia unas LHS ‘más rápidas’ o ‘más lentas’. Es como aplicar la alostasis en términos cognitivo-conductuales.

Los niños y niñas que están expuestos a señales ambientales como crianza severa, violencia u otras fuentes de peligro tienen más probabilidades de desarrollar un modelo de trabajo interno que sugiera que la disponibilidad de recursos en el futuro es impredecible, lo que hace que la LHS avance hacia un desarrollo más rápido, incluida una maduración biológica más temprana. Pasa lo contrario con aquellos que reciben y perciben un apego sano de sus padres. Una LHS más rápida se asocia más a menudo con patrones de apego inseguros, mayor impulsividad, mayor número de parejas sexuales, falta de reciprocidad, control inhibitorio reducido, mayor comportamiento de riesgo y menos esfuerzo en la crianza de sus propios hijos.

El término ‘Trastorno Límite de Personalidad’ (TLP) o Borderline se caracteriza por desregulación emocional, impulsividad, comportamiento de riesgo, irritabilidad, sentimientos de abandono y autolesión (entre otros), así como relaciones interpersonales inestables o cortoplacistas, y los modelos etiológicos del TLP sugieren que el desarrollo de modelos internos basados ​​en relaciones inseguras predispone a percibir a los demás con desconfianza. Los factores causales en este desarrollo incluyen traumas infantiles como el abandono emocional o el abuso físico y sexual, aunque asociar el TLP con eventos traumáticos solo es una simplificación excesiva, pues la heredabilidad del TLP parece ser significativa, como explicaré más adelante. 

Visto a través de la lente de la Ecología del Comportamiento, hay abundantes pruebas que apoyan la idea de que el TLP refleja una variante patológica de una LHS rápida. Además, los puntos de vista de la investigación en neuropsicología, rasgos de personalidad, comportamiento interpersonal, hallazgos de neuroimagen y genética del TLP corroboran este punto de vista. Si bien todavía existe controversia sobre las diferencias en las tasas de prevalencia del TLP en hombres y mujeres, con una proporción de 3:1 para ellas, existe evidencia abrumadora de la predicción de LHT que sugiere que los hombres muestran un comportamiento más agresivo y disruptivo (similar a los rasgos de personalidad antisocial), mientras que las mujeres con mayor frecuencia muestran signos de conducta interiorizadora, incluyendo signos de depresión y ansiedad.

En términos generales, la investigación en genética psiquiátrica se ha centrado, en gran medida, en el modelo del estrés según el cual los sujetos son vulnerables a desarrollar un trastorno si portan una variante genética que cumple algún tipo de adversidad o evento negativo de la vida. A la inversa, algunas variaciones genéticas pueden proteger contra el desarrollo de un trastorno incluso en presencia de adversidad grave. Sin embargo, el modelo de estrés no puede explicar por qué tantos “genes que predisponen a la vulnerabilidad” se han sometido recientemente a una selección positiva en la evolución humana.

En consecuencia, se ha argumentado que una variación genética particular que predispone a la patología, si se asocia con una adversidad temprana, puede tener efectos beneficiosos cuando las contingencias ambientales son más favorables al desarrollo. Por lo tanto, es plausible suponer que el mismo polimorfismo genético se puede vincular a una LHS ‘más rápida’ o ‘más lenta’, dependiendo de la calidad de los entornos iniciales, como ocurre en los estudios genéticos donde se sugiere que la variación polimórfica del gen del receptor de la oxitocina (OXTR) se asocia con diferencias estructurales y funcionales en las estructuras límbicas que se sabe contribuyen a la regulación emocional, una disfunción clave en el TLP.

Brüne fue el primero en argumentar explícitamente que el TLP representa el extremo inadaptado de un fenotipo de historia de vida rápida asociado con la toma de riesgos y el apareamiento a corto plazo, ampliando esta idea y  la evidencia de que la DBP está asociada con la impulsividad, la poca amabilidad y la conciencia, la cooperación deficiente en los juegos económicos, la sociosexualidad sin restricciones y la menor inversión en la crianza. Brüne argumentó que el TLP es, probablemente, inadaptado aunque las versiones más leves de los mismos rasgos pueden ser adaptativas en el contexto de las estrategias de comportamiento de explotación, como puede ser en el caso de crear conductas de manipulación ante los padres para acometer sus objetivos. La investigación, que involucra teorías sobre el temperamento y el desarrollo de la personalidad, sugiere que la LHS rápida se asociaría con puntajes altos en la búsqueda de novedades, puntajes bajos en cooperatividad y evitación de daños, y puntajes bajos en amabilidad y conciencia, por lo que los puntajes altos en estas últimas dos dimensiones fueron más características de la LHS lenta.

Resulta que la cuestión de si el TLP como condición diagnosticable es adaptativa o no adaptativa aún no está resuelta. Tampoco hay datos fiables sobre la fertilidad de los pacientes con TLP; sin embargo, se ha encontrado que las principales dimensiones de los síntomas límite (impulsividad, antagonismo y emocionalidad negativa) predicen una reproducción más temprana y una mayor fertilidad. Una LHS rápida podría estar asociada con un mayor riesgo, relaciones sexuales más tempranas y un mayor número de parejas sexuales. Además, de ellas se espera que la maduración biológica se acelere, involucrándose más temprano en las relaciones sexuales, y tienen más parejas sexuales que las mujeres sin límite, experimentado más a menudo la violencia de pareja, la violación y la coerción sexual. La gravedad de los síntomas de el TLP se asocia, además, con el embarazo en la adolescencia, los embarazos no planificados y los nacidos vivos, pero no la cantidad de abortos.

Asimismo, se involucran más en tácticas costosas de retención de pareja, por lo que la monopolización del tiempo, la manipulación emocional, la manipulación del compromiso, la violencia contra rivales, la sumisión y la degradación, y las señales verbales de posesión se observan con mayor frecuencia. Una LHS rápida, además no solo sería compatible con un alto esfuerzo de apareamiento, sino que también estaría asociado con un bajo esfuerzo en la crianza de los hijos. De hecho, la invalidación de la crianza puede ser un mecanismo involucrado en la transmisión transgeneracional de los rasgos TLP. En línea con la hipótesis de una LHS rápida en TLP, las madres con este trastorno parecen mostrar comportamientos críticos e intrusivos, así como la confusión de roles (es decir, el temor de ser abandonados por su propia descendencia).

Además, se ha argumentado que una variación genética particular que predispone a la patología, cerca del 40% si se asocia con una adversidad temprana, y puede tener efectos beneficiosos cuando las contingencias ambientales son más favorables al desarrollo. Por lo tanto, es plausible suponer que el mismo polimorfismo genético se puede vincular a una LHS “más rápida” o “más lenta”, dependiendo de la calidad de los entornos iniciales, como ocurre en los estudios genéticos donde se sugiere que la variación polimórfica del gen del receptor de la oxitocina (OXTR) se asocia con diferencias estructurales y funcionales en las estructuras límbicas, que se sabe que contribuyen a la regulación emocional, una disfunción clave en el TLP.

En consecuencia, la cognición, las emociones y los comportamientos típicos de el TLP pueden llegar a ser significativos e integrales, a veces incluso lógicos, al imaginar un mundo peligroso e impredecible, donde un estilo de vida “rápido y furioso” puede parecer apropiado. Tal visión no sostiene que el TLP sea adaptativa per se. En cambio, se sugiere que los signos y síntomas individuales asociados con el TLP pueden integrarse de manera significativa en una perspectiva de historia de vida,  quizás a expensas del bienestar y la salud mental. Si bien las formas más leves de la personalidad límite son potencialmente adaptativas, los pacientes con TLP se ven obstaculizados por procesos cognitivos / conductuales subóptimos, como las habilidades cognitivas y metacognitivas deficientes, que conducen a deficiencias sociales y resultados inadaptados.

[Para más info, clickea aquí]

Referencia:

Brüne, M. (2016). Borderline Personality Disorder: Why ‘fast and furious’? Evolution, medicine, and public health, 2016 1, 52-66 .

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