Religión (3). Deus vult.

Paleoantropología & Paleoneurología

La teoría de la selección sexual puede ser útil para explicar la evolución de aquellos rasgos que, al menos aparentemente, parecen inútiles y extraños, y como tales son difíciles de explicar en términos de supervivencia. Es relativamente fácil encontrar ejemplos de tales rasgos en animales no humanos. La cola del pavo real es probablemente el ejemplo más famoso. Si encontramos que un rasgo en particular no se puede utilizar para hacer frente a depredadores o atrapar presas, y si es difícil encontrar otra aplicación pragmática, hay buenas razones para intentar explicar su evolución en términos de selección sexual. Estos rasgos, a menudo, se consideran adornos que evolucionaron para señalar una pareja potencial.

El desafío surge cuando uno está tratando de encontrar tales rasgos en los humanos. La principal diferencia entre nosotros y los animales no humanos radica en el hecho de que nuestra especie no desarrolló el mismo tipo de ornamentos fisiológicos sencillos que caracterizan a muchas especies de animales no como indicadores primarios de aptitud reproductiva aunque hay ciertos rasgos físicos, como la simetría, la altura o el índice de grasa corporal, que son vistos como atractivos para los miembros del sexo opuesto. Sin embargo, ¿qué pasa cuando las colas de pavo real son elementos culturales que modifican la vida sexual de una especie?

La reproducción es a menudo uno de los principales intereses de muchas tradiciones religiosas. Como diría mi estimado Alfonso Picó, hay que ver lo que se liga en misa. De hecho, las religiones no solo enfatizan la importancia de la reproducción humana, sino que también ofrecen muchas reglas y valores relacionados con todas las etapas de la vida sexual y reproductiva, desde las primeras etapas del tonteo en las citas hasta los últimos años de una relación matrimonial. Esto parecería indicar la importancia de la religión como elemento de la selección cultural centrado en el control y la regulación de la sexualidad humana. Es decir, un elemento cultural que trasciende a la selección sexual, que se mete en tu casa y en tu cama. Quiere niños, ejerce control sobre la mujer y es enemigo, por ello, de la diversidad sexual. Aún así, como diría Krahe, no todo va a ser follar, no todo va a ser follar.

Debido a que el apareamiento humano es un proceso selectivo y no aleatorio, las personas a menudo buscan parejas que sean bastante similares a ellas. Para muchas personas religiosas, de hecho, el estatus religioso de su pareja potencial es un criterio importante. Por ejemplo, la adquisición de conocimiento teológico abstracto (que va desde las tradición cultural oral hasta la formación específica, como pasa en el catequismo) actúa como un tipo de señal costosa para ayudar a identificar la intención cooperativa de otros y, además, argumentaríamos, señalar a otros posibles compañeros su compromiso con el grupo religioso, con el valor añadido de situarse como pareja total a largo plazo. Hay compromiso, por lo tanto, hay seguridad. Éste, de hecho, correlaciona negativamente con la orientación hacia las estrategias de apareamiento a corto plazo, y los enfoques más restrictivos y conservadores de la sexualidad son mejores indicadores de la religiosidad que, por ejemplo, las actitudes e ideales personales sobre la cooperación.

De hecho, algunas mujeres se pueden sentir, incluso, atraídas sexualmente de forma directa por sacerdotes que poseen una especie de poder sobre una comunidad religiosa y, por tanto, sobre ellas. Atendiendo en primera fila, como en clase. Llámalo poder, llámalo morbo o comunión, aunque el sujeto no esté por la labor. Pero claro, si lo está, aquí tenemos un problema. Todo el mundo sabe que un cura llama hijos a los vástagos de los demás y a los propios, sobrinos. Deus vult, sí, pero intelligenti pauca. Porque, precisamente, los comportamientos religiosos a menudo indican valores asociados con estrategias de apareamiento a largo plazo, como los valores familiares y la fidelidad, cuyo fin no deja de ser la reproducción.

Por eso resulta curioso ver cómo funciona la selección sexual en un entorno cultural concreto y cerrado como el de una parroquia. Podréis observar cómo, de hecho, la gente se vuelve más religiosa después de observar competidores atractivos en misa. Para las mujeres, que hayan muchas competidoras atractivas implica menos atención por parte de hombres atractivos que podrían proporcionar buenos genes, buenos ambientes y tal vez, incluso, tengan que competir para mantener a su descendencia. Para los hombres, una gran cantidad de chicos especialmente guapos y disponibles implica que si estás jugando a este juego y no sobresales como un pedazo de beato, es posible que termines jugando contigo mismo. O que termines así tanto si te esfuerzas como si no, tanto da la genuflexión y el cilicio como el heavy metal. Es más, cuando las circunstancias sugieren oportunidades limitadas cualquier persona normal, que no parece un modelo a la moda, podría beneficiarse de esos apoyos religiosos para la monogamia. Vale la pena tener en cuenta que la afiliación religiosa puede ofrecer varios beneficios que se adaptan a la reproducción, sobretodo a los que se encuentran en la media que son, al final, los que terminan teniendo más éxito reproductivo. Los tipos de beneficios relacionados con la vida sexual incluyen, entre otros, una posible disminución de embarazos precoces (al menos en teoría) o de enfermedades venéreas en una congregación. Incluso, para evitar la expansión de epidemias a través del ostracismo y la intolerancia hacia los extraños, que serían en este caso los agentes externos de una comunidad parroquial.

Sin embargo, un tipo de beneficio proporcionado por la afiliación religiosa, que probablemente sea el más importante desde una visión evolucionista, es una mayor tasa de fertilidad, a menudo asociada con una mayor tasa de religiosidad en una población determinada. Estos niveles más altos de fecundidad observados entre las personas religiosas pueden deberse a los niveles más altos de cooperación entre muchas personas que fomentan el apoyo a familias más numerosas dentro de una parroquia. Es decir, una red de apoyo extendida.

Una de las principales compensaciones en las estrategias de apareamiento es decidir entre invertir en cantidad y calidad de descendencia. Más descendencia aumenta la probabilidad de supervivencia general de un linaje, pero disminuye la cantidad de recursos totales porque deben distribuirse a un grupo más amplio de vástagos. Limitar la cantidad de descendencia reduce la cantidad de recursos necesarios para el desarrollo, pero coloca el futuro del linaje en problemas. Curiosamente, a pesar de tener un mayor número de descendientes totales, los niños religiosos no parecen tener carencias en la calidad general del desarrollo, según medidas tales como la salud o la educación. La hipótesis de la aloparentalidad religiosa sugiere que los niveles más altos de cooperación entre los participantes religiosos propician un mayor apoyo a los padres para la crianza de sus hijos por parte de personas no relacionadas genéticamente (esto es, la aloparentalidad), lo que reduce las compensaciones entre la cantidad y la calidad de la descendencia, y permite a sus miembros tener ventajas en ambos. Esta faceta de los grupos religiosos es otra característica de apoyo para las estrategias de apareamiento a largo plazo, y las funciones de cohesión grupal de la religión pueden ayudar a promover este tipo de aloparentalidad mejor que otros tipos de grupos.

Esto es especialmente importante en comunidades o congregaciones religiosas que no superan los 150 individuos. Es decir, el número de Dunbar. Este número aparece en una amplia gama de contextos, incluidas las redes sociales personales medidas a través de contactos cara a cara, conjuntos de datos de llamadas telefónicas y redes sociales en línea; el tamaño de las aldeas durante el período prehistórico reciente; y el tamaño de las comunidades de cazadores-recolectores. Este círculo de “amigos” incluye tanto a la familia extensa como a los amigos convencionales. A lo que parece apuntar este tamaño de agrupación es a un conjunto de personas, como una congregación de la iglesia, que tienen sentimientos de obligación, confianza y reciprocidad entre sí, incluido el ayudar al prójimo. De hecho, por poner un ejemplo, el 75% de las parroquias de Estados Unidos no sobrepasan ese número aunque, como es de prever, deben estudiarse otras variables demográficas.

Lo importante aquí es que se le considera el número apropiado de una parroquia autolimitante. Esto quiere decir que, un número inferior, es bueno para la autogestión parroquial y es la base para la formación de congregaciones mayores y, por tanto, de la expansión religiosa, lo que se denomina como aposento alto o iglesia celular; también que la intervención y el compromiso en las actividades por parte de los beatos de estas congregaciones es menos disperso que en parroquias cuyo tamaño de feligreses es mucho mayor, como pasa en las grandes ciudades donde tienen menos arraigo; y, por último, es el número adecuado para la transición y escisión entre parroquias o congregaciones, porque por encima de estos números aparecen tensiones derivadas de los límites de la propia autogestión de un solo líder, y creo que aquí está la clave si volvemos a la idea de que la religión, como elemento cultural, pudo ser un adorno propio de la selección sexual.

Si las religiones pueden hacer de la crianza de los hijos una estrategia relativamente más segura al aumentar la certeza paterna, lo que impulsa a los hombres hacia la inversión parental y la crianza aloparental, que a su vez reduce las tasas de mortalidad de los hijos, puede establecer este sistema de seguridad reproductiva con un elemento cultural central en la selección sexual humana cuyo atractivo, por adorno, trasciende y permite identificar a un número cada vez mayor de adeptos, parientes y feligreses que se reconocen los unos a los otros en un continuo que abarca todos los aspectos de su vida, para poder crear vida. Estos líderes no debían ser necesariamente célibes, ni necesariamente buenos, ni necesariamente neurotípicos, pero sí fiables en términos de inversión y transmisión de recursos, liderazgo, conocimientos y predicciones. Tan buenos para mantenerlos unidos como aislados. Tan buenos, quizás, como llegar a la Tierra prometida y poblarla, porque Dios lo quiere.

Referencias:

Bretherton, R., & Dunbar, R. (2020). Dunbar’s Number goes to Church: The Social Brain Hypothesis as a third strand in the study of church growth. Archive for the Psychology of Religion, 008467242090621.

Li, Y. J., Cohen, A. B., Weeden, J., & Kenrick, D. T. (2010). Mating Competitors Increase Religious Beliefs. Journal of experimental social psychology46(2), 428–431.

Moon, J. W., Krems, J. A., Cohen, A. B., & Kenrick, D. T. (2019). Is Nothing Sacred? Religion, Sex, and Reproductive Strategies. Current Directions in Psychological Science, 096372141983824.

Van Slyke, J. A., & Szocik, K. (2020). Sexual selection and religion: Can the evolution of religion be explained in terms of mating strategies? Archive for the Psychology of Religion, 008467242090946.

Weeden, J., Cohen, A. B., & Kenrick, D. T. (2008). Religious attendance as reproductive support. Evolution and Human Behavior, 29(5), 327–334.

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