Domesticación (1). La mirada de los perros.

Biología & Genética

 

Los perros (Canis lupus familiaris) son mamíferos carnívoros de la familia de los cánidos y poseen la impronta humana desde que comenzaran a separarse de los lobos a comienzos del Paleolítico Superior siendo, además, la primera de muchas especies domesticadas por el Homo sapiens. Tienen la capacidad de entender y hacerse entender de una manera que a veces sobrepasa nuestra comprensión. Sensibles, empáticos y sociales como pocos animales, han hecho de nosotros los alfas a los que seguir incondicionalmente a ciegas, siempre esperando una directriz, una respuesta o un simple gesto que los haga actuar.

La selección comunicativa se propuso como marco explicativo para tratar el por qué de las capacidades sociales y, en general, cognitivas únicas de estos animales que los diferencian de sus antepasados lobos, dentro del marco de selección artificial de los perros dirigida por nosotros, como su propia mirada o los fenotipos característicos de cada raza, y que no considero excluyentes a la hora de tratar la domesticación. Los seres humanos creamos vínculos emocionales cuando nos miramos directamente a los ojos, siendo éste un proceso mediado por la oxitocina. Los perros, a diferencia de los lobos que rara vez se involucran en el contacto visual con sus cuidadores, no resisten el olor de esta hormona en la orina de sus compañeros humanos, aumentando en bucle tanto las miradas mutuas como los niveles de oxitocina de ambos posibilitando, probablemente, un aspecto a tener en cuenta a la hora de entender el vínculo de estas criaturas y nosotros que puede haber dado lugar a modos de comunicación similares entre ambos adquiridos durante la domesticación.

Este proceso de selección artificial, que muestra lo distintos que son los canes y sus antepasados, se refleja en diversas pruebas de comunicación gestual y visual como encontrar comida escondida a propósito o abrir cajas, donde el éxito de ejecución de ambas tareas estaba mediada por la mirada hacia sus cuidadores, siendo tanto la ejecución como el contacto visual y comunicación gestual de los perros mucho mayor. La predisposición a mirarnos, a hacernos caso y a comunicarse con nosotros viene determinado por el síndrome de domesticación que los hace tan dóciles y dispuestos a colaborar, mediado a su vez por diversos genes que se expresan en la cresta neural a nivel embrionario y están asociados a la señalización neurológica, a los ritmos circadianos (adaptándose a los nuestros), ciclos reproductivos frecuentes y una conducta más dócil, menos agresiva.

A su vez, estos, determinaron la formación de numerosos fenotipos como las orejas caídas, distintos patrones de color y longitud de pelo, y alteraciones de las proporciones craneofaciales. Pero entre ellos destaca, principalmente, el gen SorCS1, y tiene un papel capital en la codificación de la proteína de transporte de los receptores AMPA del glutamato y las neurexinas, vinculándose (de nuevo) a una mayor plasticidad neural facilitadora de la disposición, tanto de zorros como de perros domesticados, por interaccionar y comunicarse con nosotros a través de gestos y miradas en las que, a veces, nos vemos reflejados nosotros mismos. Y quizá, en ese mismo reflejo hemos moldeado, incluso, la alometría de sus cerebros.

El cerebro de cada raza muestra forma y volumen relacionados con la especialización en tareas específicas, determinando que las redes formadas por distintas regiones cerebrales covaríen específicamente entre sí. La anatomía de estas redes se correlaciona con diferentes especializaciones de comportamiento, como la caza basada en la vision, la búsqueda por olores, la protección, la caza e, incluso, la compañía. Es decir, la especialización a la que hemos abocado a cada raza nos muestra una relación clara con el volumen y densidad de ciertas redes concretas. De entre todas ellas cabe destacar la labor de compañía de los perros y la red de interacción social, preponderante sobre todas las demás a la hora de entender la complejidad en la comunicación de los perros con los humanos. Que la mayoría de los cambios se hayan producido en las ramas terminales del árbol filogenético del perro indica una selección fuerte y reciente en cada una de estas razas y, por tanto, la influencia de nuestra especie que entendía la importancia capital de la comprensión entre ambas especies. Estos resultados específicos sobre cómo la anatomía del cerebro cambió y se diversificó significativamente en los perros, debido a la selección artificial aplicada por los humanos de manera intencional y orientada a objetivos relativamente reciente en el tiempo, puede darnos ciertas pistas sobre el papel de cada una de estas redes y la interacción entre ellas:

  • La red 1 incluye el núcleo accumbens, el caudado dorsal y ventral, el giro cingulado y el pedúnculo olfativo, y se activa tanto para la recompensa alimentaria como para la recompensa social humana. Tentativamente, esta red podría ser relevante para el vínculo social con los humanos, la capacitación y el aprendizaje de habilidades.
  • La red 2 involucra regiones cerebrales involucradas en el olfato y la gustación, incluido el lóbulo piriforme, que contiene la corteza olfatoria, junto a la ínsula y el sílice pseudosilviano, donde se encuentra la representación cortical del gusto, y podría soportar respuestas volitivas (en oposición a las instintivas) a estímulos olfativos y gustativos.
  • La red 3 incluye regiones subcorticales que involucran motricidad, movimiento ocular, visión y navegación espacial, incluyendo el núcleo geniculado lateral, pulvinar, hipocampo, cerebelo, núcleo oculomotor, núcleo interpeduncular, área tegmental ventral y sustancia negra, pero también involucra regiones corticales, incluida la parte medial de la circunvolución frontal (área motora suplementaria) y la circunvolución lateral (corteza visual). Tentativamente, esta red puede reflejar un circuito involucrado en moverse a través del entorno físico.
  • La red 4 involucra regiones corticales de orden superior que pueden estar involucradas en la acción e interacción social. Las circunvoluciones precruciadas y proreas albergan la corteza premotora y prefrontal, respectivamente, mientras que la circunvolución del recto forma parte de la corteza prefrontal medial. La expansión de la corteza frontal se ha relacionado con una mayor socialidad en las especies de hienas existentes, y en particular, la circunvolución prorea se ha relacionado con la evolución de los cánidos. Las circunvoluciones silviana, ectosilviana y suprasilviana representan regiones de la corteza sensorial lateral situadas entre la corteza gustativa, auditiva y somatosensorial , y probablemente contienen áreas de asociación de orden superior relacionadas con la sensación y la percepción. En estudios de fMRI de perros domésticos, se ha observado activación multisensorial en estas regiones durante la presentación de rostros, el contacto visual y las vocalizaciones de perros y humanos.
  • La red 5 incluye regiones límbicas que tienen un papel bien establecido en el miedo, el estrés y la ansiedad, incluido el hipotálamo, la amígdala y el hipocampo. Estas regiones están involucradas en el eje HPA, que regula las respuestas conductuales y endocrinas a los factores estresantes y amenazas ambientales. Algunas de estas regiones también están involucradas en otros procesos afectivos e instintivos, como el apareamiento, la memoria y la agresión.
  • La red 6 incluye regiones de procesamiento sensorial tempranas para el olfato y la visión, incluido el pedúnculo olfativo y parte del giro lateral, que es la ubicación de la corteza visual primaria.

Cuatro de las seis redes participan de manera activa en actividades de compañía y la mayoría de las especializaciones en las labores de los perros, sobre el 60%, requieren explícitamente de las redes de interacción social. O mejor dicho, nosotros de ellas.

[Para más info, clickea aquí y aquí]

Si quieres saber más sobre la domesticación de los perros, continúa con Un perro negro.

 

Referencias:

Hecht et al. (2019). Significant neuroanatomical variation among domestic dog breeds. JNeurosci, 39 (36).

Nagasawa, M., Mitsui, S., En, S., Ohtani, N., Ohta, M., Sakuma, Y., Kikusui, T. (2015). Oxytocin-gaze positive loop and the coevolution of human-dog bonds. Science, 348 (6232), 333-336.

 

Canción recomendada:

 

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