Cronobiología (2). Hechizo de luna.

Biología & Genética

 

Tanto los humanos como la mayoría de las especies animales en nuestro planeta están expuestos a alternancias regulares de luz y oscuridad, con una periodicidad constante de 24 horas a lo largo de su vida. Esta alternancia afecta no solo a los sistemas biológicos humanos sino también a la organización social del comportamiento. Los cambios en el entorno externo, como los del clima o las condiciones atmosféricas, pueden ser impredecibles; por lo tanto, los organismos necesitan sistemas que respondan directamente a los entornos cambiantes. Sin embargo, también los hay previsibles, que son el resultado de movimientos planetarios específicos como el ciclo día-noche, el ciclo de la luna alrededor de la tierra o el de la tierra alrededor del Sol. Para estos cambios predecibles, los organismos tienen mecanismos específicos que generan ritmos biológicos endógenos que corresponden directamente a ciertas periodicidades en el medio ambiente. No dependen directamente de las ritmicidades del entorno, sino que solo utilizan la información periódica del entorno para sincronizar las oscilaciones biológicas con los ciclos del mismo.

Se presume que la ritmicidad biológica es una adaptación genética ventajosa, resultado de la evolución de las distintas formas de vida en un entorno que varía previsiblemente en el tiempo durante, por ejemplo, las 24 horas del día, los días el mes y del año. El ciclo de luz  y oscuridad es el sincronizador principal (o zeitgeber) de las periodicidades circadianas, y su modulación a lo largo del año, en términos de duración del fotoperíodo diurno, es un sincronizador principal de las periodicidades circanuales. Los ritmos circadianos y circanuales han sido, de hecho, el principal foco de investigación de la mayoría de los científicos.

La fisiología humana y de otros animales está sujeta, así, a ritmos estacionales, lunares y circadianos. Aunque estos se han descrito bastante bien, se sabe poco sobre los efectos del ciclo lunar en el comportamiento y la fisiología humanos. Por un lado, algunos autores siguen resaltando a día de hoy que el ciclo lunar tiene un impacto en la reproducción humana, en particular la fertilidad, la menstruación y la tasa de natalidad. Los niveles de melatonina parecen correlacionarse con el ciclo menstrual. Sin embargo, otros autores no encuentran correlación ni evidencia entre el ciclo lunar y la reproducción humana o con otros aspectos, como es el sueño. Los ritmos mensuales desencadenados, o sincronizados, por el ciclo lunar de 29,5 días de intensidad de luz nocturna, o específicamente la luz de la luna llena, aunque explorados en los efectos que producen en las mareas y en ciertas otras especies diferentes a la humana, han recibido mucho menos estudio, quizás debido a asociaciones con la mitología antigua y al folclore. De hecho, hasta tiene nombre.

El efecto Transilvania sobre el comportamiento humano es un fenómeno que se ha aceptado como saber dominante entre algunos sectores de la salud mental, a pesar de la evidencia consistente de lo contrario. Definitivamente va en esa dirección sobre los lunáticos, y de las lunas, de enloquecidos ante su presencia embaucadora. Esta creencia equivocada podría tener implicaciones negativas para la práctica como, por ejemplo, la asignación innecesaria de personal adicional durante la fase de luna llena. Además, solo sirve para reforzar los estereotipos negativos en salud mental. Ésta, si hay que estirarla de alguna manera, podría estar relacionada con un mecanismo de privación del sueño por el cual, antes de la llegada de la iluminación moderna, la luna era una fuente importante de luz nocturna que afectaba el ciclo de sueño-vigilia, lo que conducía a la privación del sueño en el plenilunio. Argumentan que esta restricción parcial del sueño habría sido significativa para inducir hipomanía en pacientes bipolares susceptibles, y convulsiones en otros pacientes. E insisto, no encontraréis estudios concluyentes en ese sentido. Lo que sí hallaréis son mitos, leyendas y figuras del folclore.

Sin embargo, otros realizados en animales sí revelan que el ciclo lunar puede afectar los cambios hormonales en algunos invertebrados como, por ejemplo, los insectos. En los peces, el reloj lunar influye en la reproducción e involucra el eje hipotálamo-pituitario-gonadal. En las aves, las variaciones diarias de melatonina y corticosterona desaparecen durante los días de luna llena. El ciclo lunar también ejerce efectos en ratas de laboratorio respecto a la sensibilidad al sabor y la estructura de las células de la glándula pineal. En promedio, durante las 10 h de oscuridad durante una luna llena, los lobos de crin recorren 2 km menos que en una luna nueva respondiendo, probablemente, a una disponibilidad de presas reducida, a su vez, al disminuir la distancia recorrida. Sin embargo, sí me gustaría recalcar la influencia de nuestro satélite con un depredador con el que hemos tenido relación durante toda nuestra historia evolutiva y que, probablemente, tenga mucho que ver como ejemplo de cómo nos influye la luna.

Los leones son depredadores nocturnos, y la abrumadora mayoría de los ataques de leones contra humanos se producen de noche. Estos grandes felinos tienen menos éxito en la obtención de presas de vida silvestre durante las noches bien iluminadas por la luna, y su luz tiene un efecto similar en el riesgo de depredación humana, pues la mayoría de los ataques humanos ocurren en las semanas posteriores a la luna llena. Es decir, conforme más se acerca la luna nueva.

Entre 1988 y 2009 se registró el ataque a más de un millar de tanzanos. Más de dos tercios de estos ataques fueron fatales y las víctimas fueron devoradas, siendo atacadas después del atardecer. Debido a que los leones atacan principalmente en la oscuridad total y casi el 60% de las víctimas fueron atacadas entre las 18:00 y las 21:45, las tasas de ataque variaron notablemente con la fase de la luna siendo, de 2 a 4 veces, más altas en los primeros 10 días después de la luna llena, cuando ésta no sale hasta después del atardecer que en el período de 10 días antes, cuando está entre un 30 y 100% iluminada, por encima del horizonte al atardecer. Un ejemplo es de los leones del Ngorongoro, que  disfrutan de una mayor ingesta de carne durante las noches sin luna, medido por el tamaño del vientre de las hembras adultas y los machos adultos, que son significativamente más grandes en los días más cercanos a la luna nueva.

Los homínidos siempre han vivido muy cerca de los grandes carnívoros nocturnos. Los leones fueron una vez el mamífero más ampliamente distribuido en el mundo; tigres, jaguares y leopardos todavía coexisten con personas en Asia, África y América, respectivamente. Tanto los austrolopitecinos como los primeros Homo se sirvieron de los grandes felinos para rapiñear, y el Homo sapiens pintó leones de cuevas con detalles realistas hace 36,000 años, por lo menos. Asimismo, siempre hemos estado expuestos a riesgos de depredación que cambiaron con el aumento y disminución de la figura que observamos en la luna. A diferencia de los herbívoros salvajes, que permanecen al aire libre durante toda la noche, los seres humanos hemos dormido mucho tiempo en refugios, al amparo de las rocas y de un buen fuego que nos permitió alargar el día.

Entre el atardecer y el amanecer, somos más activos durante la tarde y, por lo tanto, estamos expuestos principalmente a la depredación en las primeras horas después del atardecer. Las horas más oscuras de la tarde se limitan a las semanas posteriores a la luna llena, y los leones tienen más hambre inmediatamente después de las brillantes noches del plenilunio. Aunque estos grandes felinos también atacan en las noches más iluminadas, observar la luna tal cual indica que los riesgos de depredación de los leones aumentarán dramáticamente en los próximos días ante lo cual, y como expliqué anteriormente, hemos tenido ciertas presiones en el contexto de las migraciones, el sueño y la vigilancia para poder sobrevivir a este peligro, y a otros muchos. Por lo tanto, no creo que la luna llena germine en nosotros como el miedo que pueda ejercer por sí misma, ni que altere o suponga un riesgo para la salud mental más allá de la influencia del acervo cultural que hemos creado entorno a su figura, sino que es un presagio de la oscuridad que está por venir y que no podrás ver. La seguridad que se disipará, como un mal augurio, para los que vagan sin su presencia.

[1ª parte]

 

[Para más info, clickea aquí, aquí, aquí, aquí, aquí & aquí]

 

Referencias:

Gilbert, W.H., Asfaw, B. (2008). Homo erectus: Pleistocene evidence from the Middle Awash, Ethiopia. Berkeley: University of California Press.

Hayward, M. W., & Slotow, R. (2009). Temporal Partitioning of Activity in Large African Carnivores: Tests of Multiple Hypotheses. South African Journal of Wildlife Research, 39(2), 109–125.

Lewis, M.E., Werdelin, L. (2007). Patterns of change in the Plio-Pleistocene carnivorans of eastern Africa. Implications for hominin evolution. In: Bobe R, Alemseged Z, Behrensmeyer AK, editors. Hominin Environments in the East African Pliocene: An Assessment of the Faunal Evidence. Berlin: Springer. pp. 77–105.

McGowan, I., & Owens, M. (2006). Madness & The Moon: The Lunar Cycle & PsychopathologyGerman Journal of Psychiatry9(1), 123- 127.

Sábato, M. A. L., Melo, L. F. B. de, Magni, E. M. V., Young, R. J., & Coelho, C. M. (2006). A note on the effect of the full moon on the activity of wild maned wolves, Chrysocyon brachyurus. Behavioural Processes, 73(2), 228–230.

Packer, C., Swanson, A., Ikanda, D., & Kushnir, H. (2011). Fear of Darkness, the Full Moon and the Nocturnal Ecology of African Lions. PLoS ONE, 6(7), e22285.

 

Canción recomendada para la lectura:

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