Psicopat铆a (4). Pathfinder.

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Psiquiatr铆a & Psicolog铆a Evolucionista

[Otra historia de violencia 2/2]

1. Otra historia de violencia.

En los seres humanos encontramos distintos estilos de comunicaci贸n basados en el arrastre r铆tmico: la capacidad de (al menos) dos personas para sincronizarse con precisi贸n instant谩nea a un ritmo compartido y constante, que se manifiesta caracter铆sticamente a trav茅s del movimiento de todo el cuerpo. Ya sea visto como un subproducto evolutivo, o una adaptaci贸n para promover la cohesi贸n social por diversas cuestiones como la religi贸n o la guerra, abundan las especulaciones sobre posibles escenarios para su aparici贸n en el clado humano. A pesar de una floreciente ciencia de la evoluci贸n de la m煤sica y la reciente formulaci贸n de marcos comprobables sobre la evoluci贸n de la danza, comprender las proto-etapas de los or铆genes del lenguaje, la comunicaci贸n basada en la praxia social estereotipada, repetitiva y sincr贸nica, y sus repercusiones en nuestro proceso de auto-domesticaci贸n depende de lo que se pueda aprender de la investigaci贸n comparativa entre primates y los an谩lisis meticulosos de ritmo y sincron铆a. Sin embargo, la evidencia reunida hasta ahora dentro de nuestro orden animal no pinta una imagen coherente de c贸mo la evoluci贸n de la praxia social, por s铆 sola, pudo haber jugado un papel significativo. Por ejemplo, los estudios experimentales con monos y grandes simios se han centrado en la sincronizaci贸n r铆tmica preparada por humanos bajo protocolos de entrenamiento, o enriquecimiento cognitivo, donde los sujetos no se involucraron en la participaci贸n con miembros de su misma especie. En condiciones naturales, sin embargo, los primates no humanos s铆 participan en comportamientos r铆tmicos, algunos de los cuales se pueden comparar, a un nivel puramente mec谩nico, con el uso de instrumentos musicales. Los an谩lisis de estos comportamientos rara vez se han realizado a la luz de la evoluci贸n de la praxia social y rara vez se han adoptado medidas precisas de ritmo y sincron铆a, con solo unas pocas excepciones en el campo. Sin embargo, estos hallazgos s铆 tienen implicaciones para las teor铆as actuales de la evoluci贸n del habla y el lenguaje, elementos necesarios para entender la fluidez cognitiva y la diversidad humana.

2. La Hip贸tesis del Pionero.

En este punto plantear茅 mi propia hip贸tesis sobre c贸mo la sustituci贸n de una violencia reactiva por otro tipo de violencia, instrumental o diferida en un contexto de competencia intrasexual masculina para sustituir a los d茅spotas m谩s reactivos pudo, a su vez, tener una relaci贸n bidireccional de retroalimentaci贸n con la emergencia evolutiva de la cohesi贸n social y un proto-lenguaje sincr贸nico, estereot铆pico, mudo y pr谩xico en un contexto de competencia intersexual, aloparentalidad e interdependencia personal como defensa ante la aparici贸n de un nuevo tipo de d茅spota m谩s organizado, planificador, maquiav茅lico y capaz de desestabilizar m谩s all谩 del presente, a largo plazo, pudiendo explicar en parte cierta prevalencia de algunos perfiles cl铆nicos en la poblaci贸n a trav茅s de un cautiverio artificial o auto-domesticaci贸n.

Se ha propuesto que solo las especies capaces de aprendizaje vocal, o producci贸n, son h谩biles para percibir y sincronizar sus latidos, y aunque no se reconozca a los grandes simios como aprendices vocales pero s铆 capaces de un gran arraigo social que, junto a un cuerpo acumulativo de evidencia para el aprendizaje vocal y Teor铆a de la Mente en estos, los chimpanc茅s y otros grandes simios nos ayudan a entender, en base de su estudio dentro de un marco comparativo, nuestro propio curso evolutivo. Contra lo que generalmente se cree, el estudio de arrastre r铆tmico social, end贸geno, sincr贸nico y estereotipado en chimpanc茅s sugiere que el lenguaje puede no haber consistido originalmente en un conjunto multimodal de conductas auditivas, visuales y sensoriales, como ocurre hoy en d铆a, sino como un comportamiento mudo. El reclutamiento de otras capacidades motoras cognitivas y, en particular, de un sonido sincr贸nico simult谩neo podr铆a haber ocurrido en etapas posteriores de su evoluci贸n. Debido a su naturaleza repetitiva en cautiverio, el arrastre r铆tmico podr铆a interpretarse como un comportamiento estereot铆pico sin m谩s pero esta posibilidad plantea preguntas que invitan a la reflexi贸n sobre los inductores socioecol贸gicos para los comportamientos del proto-lenguaje y la diversidad conductual en el linaje humano. Debido a que el comportamiento estereot铆pico en animales cautivos, incluidos los primates, puede estar asociado con el confinamiento y la angustia, es concebible que las condiciones naturales y artificiales que imponen efectos similares en nosotros podr铆an haber jugado un papel en la emergencia evolutiva del lenguaje articulado en una especie intensamente social como la nuestra.

Dunbar (1992) plante贸 la Hip贸tesis del Cerebro Social para explicar la complejidad de nuestro tejido asociativo como indicador de pertenencia a grandes grupos de individuos organizados y jerarquizados, vestigios del grooming (acicalamiento) y el gossip (cotilleo, cuchicheo) propios de los primates, donde el lenguaje humano se presenta como el dominio cognitivo dominante de un cerebro que se ha ido conformando en funci贸n de sus rasgos sociales m谩s adaptativos, partiendo de la idea sobre qu茅 formas de resolver situaciones complejas de un modo colectivo han ejercido la presi贸n evolutiva necesaria, pero no suficiente, para que nuestro cerebro premie a aquellos caracteres que favorecen lo grupal y lo social, sobre lo individual. El lenguaje puede haber emergido como un medio 鈥渂arato鈥 y a distancia de acicalamiento, lo que permitir铆a a los humanos primitivos mantener la cohesi贸n social de manera eficiente pues, sin lenguaje, especula Dunbar (1998), los humanos tendr铆an que dedicar casi la mitad de su tiempo al acicalamiento, lo que tendr铆a que hacer casi imposible un esfuerzo cooperativo y productivo, y no nos habr铆a permitido que las sociedades permanecieran cohesionadas, al tiempo que reduce la necesidad de intimidad f铆sica y social, as铆 como la formulaci贸n de otras estrategias de afrontamiento menos agresivas.

La convivencia grupal, de hecho, expone a los animales a una serie de tensiones que incluyen limitaciones cuando existe la carest铆a de recursos tr贸ficos, un espacio reducido o acceso a una pareja. Esto explica el control de los individuos m谩s dominantes, y los efectos generalmente perturbadores que surgen del hecho de que los animales en grupos sociales est茅n obligados a coordinar sus actividades en formas que no siempre son ideales para cada individuo, incluso implicando un riesgo para su propia integridad. Por ejemplo, en varios cambios paleoclim谩ticos se redujo la disponibilidad y la distribuci贸n de las fuentes de alimentos, impulsando el estr茅s fisiol贸gico y la competencia intragrupo e intergrupo, efectos que se habr铆an exacerbado a煤n m谩s cuando los hom铆nidos ancestrales se vieron limitados en refugios ecol贸gicos. Estas condiciones podr铆an haber causado efectos de confinamiento similares a los experimentados en cautiverio, con la presi贸n ejercida por d茅spotas ante la escasez de recursos, propiciando la desaparici贸n de estos mismos ante coaliciones de machos de bajo acervo gen茅tico y hembras.

Debido a que las consecuencias de la depredaci贸n entre individuos de la misma especie son tan definitivas, no solo para el individuo sino para el grupo, los costes que implican la sociabilidad deben mantenerse bajo control para reducir su impacto; de lo contrario, las fuerzas centr铆fugas y c铆clicas de las demandas ego铆stas de sus miembros dar谩n como resultado una r谩pida e inevitable dispersi贸n del grupo. Del mismo modo, si la adopci贸n de un sistema de cr铆a cooperativo se llev贸 a cabo a lo largo del linaje humano, esto podr铆a haber llevado a las personas a vivir en nichos llenos de gente, con algunos individuos que se reproducen y otros que no lo hacen, pero que dedican su gesti贸n del tiempo en otras tareas. Aqu铆 el arrastre r铆tmico, como lenguaje basado en una praxia social sincr贸nica, pudo haber surgido como una emergencia comunicativa co-estereot铆pica entre individuos para sobrellevar el estr茅s bajo un aumento de 茅ste inducido ecol贸gica y/o socialmente por un nuevo tipo de d茅spota que ejerciera la violencia instrumental y la agresi贸n directa en diferido sobre machos m谩s reactivos, pero tambi茅n sobre aquellos con los que no existe una competencia directa como los cooperadores, planificando una acci贸n punitiva colectiva.

Sabemos que ante situaciones novedosas y estresantes las neuronas humanas utilizan mejor la capacidad de informaci贸n entrante premiando la eficacia sobre la solidez que en otras especies de primates, como los macacos, en algunas regiones del cerebro como son la am铆gdala y la corteza cingulada, vinculadas al procesamiento de informaci贸n contextual, y esto implica que poseamos m谩s fluidez cognitiva y conductual, para improvisar y actuar con mayor r谩pidez ante las contigencias, pero a la vez estas nos condicionan para ser m谩s inestables y vulnerables ante los cambios y presiones. En resumen, aprendemos r谩pido pero estamos m谩s predispuestos a errar en la respuesta y que las consecuencias de 茅sta tenga cierta pervivencia en el futuro. Esta trade-off pudo ser determinante a la hora de entender que ante la presi贸n ejercida por d茅spotas sobre competidores, cooperadores y criadores, la emergencia evolutiva de actuar para defenderse ante la sumisi贸n pudo dar lugar como resultado un subproducto derivado que encontramos en el lenguaje y en algunos trastornos que impulsaran la comunicaci贸n o verbalizaci贸n de estados internos, como la ansiedad que puede alcanzar una prevalencia del 33,7 % en una poblaci贸n de individuos que la padecer谩n en alg煤n punto a lo largo de su vida, siendo 茅sta resultado a su vez de la selecci贸n social.

Seg煤n la psicolog铆a evolucionista, la selecci贸n natural puede favorecer diferentes niveles de un rasgo de personalidad en diferentes entornos, incluido el cautiverio y dentro del propio proceso de auto-domesticaci贸n, donde el valor esperado de los beneficios de los aspectos psicol贸gicos puede superar sus costes, d谩ndose el equilibrio de ambos cuando se encuentran dos o m谩s estrategias dentro de una poblaci贸n a una frecuencia particular entre s铆, modulando una prevalencia o presencia concreta de estos. En un entorno en el que la mayor铆a de las personas adopta una estrategia de cooperaci贸n, un peque帽o n煤mero de personas puede mantener una estrategia de explotaci贸n, que ser谩 el germen de la formaci贸n de una escala social y cultural. Esto puede traer grandes beneficios en t茅rminos de aptitud ecol贸gica cuando es poco frecuente, pero se vuelve menos gratificante en frecuencias m谩s altas debido a la vigilancia ante conductas antisociales en la poblaci贸n y debido a la mayor probabilidad de que un tramposo encuentre a otro tramposo, explicando adem谩s su prevalencia del 1% y su tendencia depredadora, y desp贸tica, cuyo fin no es m谩s que la eusocialidad y la explotaci贸n de los dem谩s, siendo evidente el papel de la selecci贸n sexual en este conjunto de perfiles. De hecho, es algo bien sabido que los trastornos de personalidad del Grupo B tienen relaciones positivas con el n煤mero de hijos y, por su parte, los rasgos psic贸patas facilitan la actividad sexual, lo que se considera un nivel de condici贸n f铆sica y fertilidad mayor.

En este sentido, la Hip贸tesis del Tramposo implica que los psic贸patas exhiben m谩s indignaci贸n, menos empat铆a y menos altruismo que los no psic贸patas como alternativa a la cooperaci贸n, donde las emociones tienen un papel central como dispositivos de compromiso y explica por qu茅 corresponde a un fenotipo moderno que se observa m谩s en el mundo industrializado. Mostrar ciertas emociones compromete a un individuo de cierta manera, con implicaciones en la evoluci贸n del compromiso, porque los tramposos que no tienen la intenci贸n de decir la verdad espec铆ficamente son seleccionados y los cooperadores pueden tender a ser expertos en leer las intenciones de un psic贸pata. Luego se seleccionar铆an tramposos m谩s h谩biles, y as铆 sucesivamente. Al final, los cooperadores evolucionaron para usar se帽ales afectivas de confianza, como muestras de sincronismo comunicativo, estereot铆pico y ansioso y los tramposos para ocultar la intenci贸n de hacer trampa, apareciendo as铆 como cooperadores en una carrera de competencia directa en t茅rminos de aptitud evolutiva, como ocurre en con la Hip贸tesis de la Reina Roja.

De hecho, cuando se analiza el comportamiento potencialmente adaptativo, la evidencia emp铆rica puede ser principalmente el conjunto de las facetas antisociales del Factor 1, como son la identificaci贸n y la frialdad emocional, que puede estar relacionado con el comportamiento adaptativo y funcional, en comparaci贸n con las facetas del Factor 2, que son la impulsividad, la reactividad y el comportamiento antisocial. Mientras que el Factor 2 puede resultar adaptativo solo en entornos sociales que facilitan la explotaci贸n incondicional de otros, el Factor 1 puede funcionar, de manera m谩s amplia, en entornos que presentan oportunidades ocasionales de deserci贸n ante un grupo de iguales y frente a relaciones que, se entiende, son de escaso valor para uno mismo y no se ajusta al inter茅s propio como pudieron ser aquellos entornos emergentes en nuestro curso evolutivo en el que fuimos eliminando a unos d茅spotas con otros. Cuando se indica la posibilidad de una relaci贸n rentable a largo plazo, la psicopat铆a parece compatible con el establecimiento de un equilibrio de fuerzas dentro de un mutualismo cooperativo y, por muy estrat茅gica o maquiav茅lica que sea su base, puede dar como resultado un conjunto de diversas estrategias conductuales, como la cooperaci贸n y la prosocialidad, en otros individuos a lo largo de un continuo de historias de vida que pueden derivar en la prevalencia de otros trastornos en una poblaci贸n concreta e intentar equilibrarla a trav茅s de la conducta prosocial.

De darse el caso, los seres humanos estamos preparados para cooperar y ayudar, en t茅rminos prosociales, a otros individuos. Si existen elementos en un grupo que necesitan de m谩s tiempo, crianza y ayuda altruista tambi茅n podemos crear los lazos adecuados para formar la red de cuidadores necesaria. En ese sentido encontramos ejemplos de individuos que fueron, cada vez m谩s, especialmente sensibles a los terrenos t茅cnico-pr谩cticos y sensoriales conforme fuimos convirti茅ndonos en animales cada vez m谩s sensibles a la selecci贸n cultural.

La aparici贸n de estos nuevos perfiles pudieron producirse en un contexto m谩s estable de elecci贸n de una pareja menos agresiva y m谩s comunicativa que cooperara en una crianza m谩s prolongada y estable con ayuda de otros miembros familiares del clan en el que tambi茅n fueran 煤tiles, y que establecieran nuevas bases para la cooperaci贸n y la prosocialidad que determinar铆an conductas altruistas. Las ventajas de que en un poblado existiera la presencia de individuos con una mayor sensibilidad hacia los ciclos del entorno natural, como la detecci贸n de bayas, o que a trav茅s de una especializaci贸n pr谩ctica crearan mejoras tecnol贸gicas que formaran un continuo cultural acumulativo y nos permitieran algunas ventajas cognitivo-culturales como es el cronometraje, compensaron el grado de desconexi贸n con su entorno social en comparaci贸n a los cooperadores, dando lugar a la prevalencia de poblaci贸n neurodiversa, que incluye entre otros al espectro autista de alto funcionamiento y al TDAH, a trav茅s de la selecci贸n cultural y que en tiempos modernos podemos rastrear en torno al 30-40 %.

A su vez, la selecci贸n cultural ser铆a la manifestaci贸n m谩s clara de una auto-domesticaci贸n ejercida entre machos de bajo acervo gen茅tico que redujo la agresi贸n reactiva a trav茅s del lenguaje en primer lugar, ejerci贸 presi贸n sobre los cooperadores para establecer un bucle de retroalimentaci贸n entre comunicaci贸n y la prevalencia de trastornos afectivos, que a su vez indujeron la necesidad de actuar en t茅rminos prosociales para establecer redes de confianza, as铆 como la crianza y mayor pervivencia demogr谩fica que sostendr铆a la manifestaci贸n de perfiles neurodiversos en una sociedad cada vez m谩s estable, perpetua y con bases sociales normativas m谩s complejas que estimular铆an la cultura acumulativa. En este sentido la neurodiversidad y la selecci贸n cultural son una suerte de Buf贸n de la Corte, pues es la manifestaci贸n evolutiva de nuestra fluidez cognitiva y conductual que ha dado lugar a una diversidad de perfiles que nos ha permitido adaptarnos a factores abi贸ticos como ninguna otra especie ha hecho a trav茅s de la especializaci贸n neurodiversa, adem谩s de cierta convergencia evolutiva con otras especies, como el perro, que en un bucle de retroalimentaci贸n en nuestros procesos de auto-domesticaci贸n han estimulado la neurodiversidad a trav茅s de la especializaci贸n en el trabajo y la comunicaci贸n basada en el lenguaje.

3. Conclusi贸n.

En definitiva, el uso de armas letales y la conspiraci贸n basada en el lenguaje propiciados por machos m谩s d茅biles son razones que pueden explicar nuestra auto-domesticaci贸n y la eliminaci贸n de una propensi贸n m谩s reactiva hacia la agresi贸n que en otras especies, creando pioneros en la reducci贸n del dimorfismo sexual a trav茅s de la ejecuci贸n coordinada de los d茅spotas m谩s reactivos que no colaboraban en el reparto equitativo de alimentos, en el apareamiento y en la crianza. La evoluci贸n de la conspiraci贸n basada en el lenguaje como forma de intencionalidad colectiva, a trav茅s de la competencia intrasexual masculina, fue probablemente el factor paleoecol贸gico clave en la domesticaci贸n de H. sapiens porque es el mecanismo m谩s convincente para explicar la presi贸n selectiva contra otros machos y la fluidez cognitiva de la que hacemos gala.

El lenguaje sofisticado apareci贸 en los machos de baja destreza como medio para la lucha que permiti贸 planear, cooperativamente, la ejecuci贸n de machos alfa f铆sicamente agresivos y dominantes, y tambi茅n se gest贸 en los miembros cooperadores de estos grupos, siendo 茅ste un sistema que se conoce hoy en d铆a como un mecanismo de nivelaci贸n en sociedades de peque帽a escala, donde probablemente la selecci贸n sexual acelerara el proceso para la aparici贸n de otro tipo de d茅spotas que tambi茅n explotaran con otros medios m谩s instrumentales a la poblaci贸n y que la selecci贸n social lo modulara a trav茅s de la prevalencia poblacional de perfiles concretos entre cooperadores y d茅spotas. Otras caracter铆sticas derivadas del ser humano como animal que ha creado complejidad social y cultural a trav茅s de una selecci贸n directa de perfiles m谩s d贸ciles, como la neurodiversidad y la construcci贸n de nichos mediante la cultura acumulativa, podr铆an haber intensificado el efecto de estos nuevos tipos de d茅spotas como pioneros del cautiverio artificial o auto-domesticaci贸n, que dar铆a lugar a otra presi贸n evolutiva para la aparici贸n del lenguaje y la prevalencia de perfiles cl铆nicos.

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