Paleoecología (2). Los últimos días del Edén.

Paleoantropología & Paleoneurología

Los primates no humanos, nuestros parientes biológicos más cercanos, desempeñan un papel importante en los medios de vida, las culturas y las religiones de muchas sociedades y ofrecen conocimientos únicos sobre la evolución humana, la biología, el comportamiento y la amenaza de las enfermedades emergentes, sobre todo en aquellas donde la zoonosis y el contacto entre especies de primates humanos y humanos. Son un componente esencial de la biodiversidad tropical, que contribuyen a la regeneración forestal y la salud del ecosistema. 

Lo que sabemos hasta ahora nos muestra la existencia de más de 500 especies en 79 géneros distribuidos en el Neotrópico, África continental, Madagascar y Asia. De manera alarmante, aproximadamente el 60% de las especies de primates están ahora amenazadas de extinción y ~ 75% tienen poblaciones en declive. En el caso de los grandes simios, la cosa se complica mucho más. También tenemos la amenaza de la escasa variabilidad genética de estas poblaciones, dando lugar a la deriva por consanguineidad y, por ende, a la extinción. Esta situación es el resultado de la escalada de presiones antropogénicas sobre los primates y sus hábitats, principalmente las demandas del mercado local y mundial, lo que lleva a una gran pérdida de hábitat a través de la expansión de la agricultura industrial, la ganadería a gran escala, la tala, perforación de petróleo y gas, minería, construcción de presas y construcción de nuevas redes de carreteras en regiones de distribución de primates. Otros factores importantes son el aumento de la caza de carne de animales silvestres y el comercio ilegal de primates como mascotas y partes del cuerpo de los primates, junto con las amenazas emergentes, como el cambio climático y las enfermedades antroponóticas. 

A menudo, por no decir siempre, estas presiones actúan en sinergia, exacerbando la disminución de la población de los primates. Dado que las regiones donde la distribución de distintas especies de primates se superponen ampliamente con una población humana grande y de rápido crecimiento caracterizada por altos niveles de pobreza (no en vano, la inmensa mayoría habita en regiones países en desarrollo), se necesita atención global de inmediato para revertir el riesgo inminente de extinción de primates y atender las necesidades humanas locales de manera sostenible. Es imperativo aumentar la conciencia pública y científica mundial sobre la difícil situación de los primates del mundo y los costos de su pérdida para la salud de los ecosistemas y la sociedad humana. Es decir, no vale con repetir el mantra de que hay que salvar a los monitos desde un prisma occidental sino el de dar la oportunidad a estas regiones para que puedan liderar la conservación de los primates en claro peligro de extinción y, a su vez, crear alternativas sostenibles que les permita equipararse a regiones que tradicionalmente han sido colonialistas.

De hecho, la UICN no considera que los primates que se alimentan de cultivos (comúnmente denominados “asaltos a cultivos”) sean una de las principales causas de la disminución de la población mundial de primates porque gran parte del conflicto es local en su ocurrencia, impacto y los tipos de cultivos y especies de primates afectados. Hay áreas del mundo, como partes del norte de África y Asia, donde los humanos toleran a los primates como plagas de cultivos debido a creencias religiosas, tradiciones culturales y beneficios económicos, como pasa con la imagen de parias que se tiene de los monos en el mundo musulmán. Por otra parte, en las tierras altas de Lindu y en la isla Buton de Sulawesi (Célebes), los humanos son tolerantes con los macacos que se alimentan de cultivos debido al papel que estos monos tienen en el folclore local y porque pueden ayudar en la cosecha de ciertos cultivos, como los anacardos, donde han aprendido a dejar caer las semillas al suelo para que las recojan los agricultores una vez se han comido lo que les interesa. También es cierto que Sulawesi es un mundo especial, con siete especies endémicas de macacos a cual más peculiar. En otros casos, la alimentación de los cultivos por parte de los primates (por ejemplo, monos aulladores) se tolera sin ninguna recompensa económica. Donde primates humanos y no humanos entran en conflicto más severo, de verdad, debido al asalto real de cultivos (por ejemplo, chimpancés ( Pan troglodytes ), gorilas ( Gorilla spp.) y babuinos ( Papio spp.) en África y orangutanes ( Pongo spp.) en el sudeste asiático, las intervenciones de manejo cultural y económicamente apropiadas pueden mitigar el impacto. De lo contrario, si no se toman medidas, el conflicto entre humanos y primates no humanos debido a que los segundos se alimentan de cultivos y los primeros se comen el terreno que pisan seguirá siendo un problema persistente y es probable que aumente porque el hábitat adecuado para los primates se convierte en campos agrícolas en respuesta a las demandas del mercado local y global. Véase, por el ejemplo, el caso de los orangutanes y el aceite de palma.

La inmensa mayoría de los primates se distribuyen en estas regiones, donde más calor y humedad hacen, necesitan selvas y bosques frondosos, con la honrosa excepción de los seres humanos (que nos pueden encontrar allá donde pares el dedo sobre el mapamundi), algunos macacos y los langures chatos. De hecho, se podría decir que llevamos unos cuantos millones de años en decadencia: nuestro cénit en cuanto a diversidad y extensión lo alcanzamos en el Eoceno cuando se dio el Máximo Termal, el período más cálido y húmedo de todo el Cenozoico. Esto propiciará la expansión de los bosques tropicales ‘más allá’ de los trópicos, las angiospermas y los primates. Se podría decir que los primates estábamos bien a gusto. De hecho, nunca volveremos a tener a tantas especies en tantos sitios y tan diversos, sobre todo por el hemisferio norte. Fijaos si había diversidad que incluso Norteamérica se barajó durante un tiempo como uno de los posibles orígenes de nuestro orden. A día de hoy, lo desconocemos aunque por especular podemos hablar de India, Sudeste Asiático, Madagascar o el África Continental.

De hecho, el calor hizo que también habitaran en Europa. Un ejemplo lo encontramos en el Darwinius masillae (la especie que ilustra esta entrada), que habitó los bosques del centro y norte de Europa hace 47 ma. Es una especie fascinante, no solo porque se encontrara en estas tierras tan poco dadas en la actualidad a tener monos, sino porque fue motivo de debate sobre si se trataba del eslabón perdido (muchos eslabones ya, ¿no?) entre los primates de nariz húmeda (estrepsirrinos) como los lémures de hoy en día y los primates de nariz sencilla (haplorrinos), entre los cuales se encuentran los monos y simios, principalmente. Por entonces los primates-tipo-lémur eran los adapiformes y los primates-tipo-mono (que no llegaban a serlo, porque no existían los antropoides) eran los omómidos, y claro encontrar algo que podía dar lugar a una especie que uniera ambas casas, y en Europa, lo hacía híper-fascinante. Sin embargo, concluyeron que no, que estábamos hablando de un primate ancestral tipo-lémur, algo que a mí me resulta incluso más llamativo. Es decir, ¿cómo vivió una especie parecida al lémur, así como otras especies, durante millones de años en regiones ahora septentrionales?

Darwinius echándose la Gran Siesta

Con la entrada del Oligoceno hace unos 34 ma cuando se dio la Grande Coupure, la gran hostia, un descenso generalizado de temperaturas donde muchas formas de vida, sobre todo mamíferas, se quedaron atrás. Algunos primates se replegaron hacia los trópicos pero otros no llegaron, como el Darwinius que se fue a tomar por culo. De hecho, salvo idas y venidas, hemos ido teniendo las mismas regiones como espacio habitable durante estos últimos 30 ma. Asimismo, volvimos otra vez a extendernos en períodos interglaciares, mucho antes de que existieran los Homo. Durante el Mioceno encontramos restos hominoideos en Asia y Europa de 15-7 ma de antigüedad. Algunos, incluso, los tenemos en la península, como Pierolapithecus catalaunicus, un homínido que habitó esta tierra hace 13ma y que (lógicamente) también trató de considerarse otro eslabón entre distintas especies de grandes simios, principalmente entre Homininae (gorilas, chimpancés y humanos) y Ponginae (orangutanes). Obviamente, salvo alguna sorpresa, no lo sabremos.

Lo único que sabemos es que las especies de nuestro orden vivieron en su Edén, en su Eoceno, dominaron por completo los biomas que habitaron y tuvieron una diversidad que probablemente, definitivamente, no volverán a experimentar. Seguimos en barrena, pero no necesitaremos otra coupure para ello. Nos valemos nosotros mismos.

Referencias:

Douglas, L. R., & Alie, K. (2014). High-value natural resources: Linking wildlife conservation to international conflict, insecurity, and development concerns. Biological Conservation, 171, 270–277.

Estrada, A., Garber, P. A., Rylands, A. B., Roos, C., Fernandez-Duque, E., Di Fiore, A., … Li, B. (2017). Impending extinction crisis of the world’s primates: Why primates matter. Science Advances, 3(1), e1600946.

Farias, I. P., Santos, W. G., Gordo, M., & Hrbek, T. (2015). Effects of Forest Fragmentation on Genetic Diversity of the Critically Endangered Primate, the Pied Tamarin (Saguinus bicolor): Implications for Conservation. The Journal of heredity106 Suppl 1, 512–521.

Franzen, J. L., Gingerich, P. D., Habersetzer, J., Hurum, J. H., von Koenigswald, W., & Smith, B. H. (2009). Complete Primate Skeleton from the Middle Eocene of Messel in Germany: Morphology and Paleobiology. PLoS ONE, 4(5), e5723.

Ivany, L. C., Patterson, W. P., & Lohmann, K. C. (2000). Cooler winters as a possible cause of mass extinctions at the Eocene/Oligocene boundary. Nature, 407(6806), 887–890.

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