Biología Evolutiva (3). Parecidos razonables.

ūüďĖūüߨ Qu√© aporta la clad√≠stica a las conductas que no fosilizan

Biología & Genética

Como psic√≥logo evolucionista me encuentro muchas veces falta de comprensi√≥n, que no de noci√≥n, sobre la teor√≠a evolucionista. S√© perfectamente que nuestra disciplina, que se centra en el estudio multidisciplinar de la conducta y cognici√≥n de nuestra especie a nivel filogen√©tico, presenta muchos l√≠mites. Algunos abordables y otros no. Casi todos estos l√≠mites parecen estar radicados en la perspectiva y modelo explicativo que uno sigue. Por eso a veces nos encontramos con just so stories, relatos explicativos que parecen saltos mortales con tirabuz√≥n y con, sencillamente, falta de formaci√≥n e idea en varios aspectos que considero primordiales a la hora de abordar esta tem√°tica, partiendo de modelos te√≥ricos en apariencia inamovibles: la conducta no fosiliza; la relaci√≥n entre ontogenia, ecolog√≠a del comportamiento y filogenia es m√°s que clara; la naturaleza cultural de nuestras conductas es el motor que aceler√≥ nuestra evoluci√≥n como especie y no desprecia a lo biol√≥gico, sino que lo justifica y lo explica; y la clad√≠stica, que incluye lo que tenemos en com√ļn o no con otras especies, es a veces ignorada o malinterpretada.

El primero es un problema m√°s que obvio. La conducta no fosiliza y debemos realizar inferencias continuamente. Desde la paleoneurolog√≠a a la arqueolog√≠a cognitiva, desde la traceolog√≠a a la paleoecolog√≠a. Se debe hacer hincapi√©, y no se hace, sobre que estas inferencias deben centrarse en trazar tanto los l√≠mites como el potencial de la conducta de las distintas especies, no el determinisimo a la hora de explicar una conducta. Es algo de lo que todos los que hemos empezado en alg√ļn momento a indagar en esta tem√°tica nos hemos dado cuenta que hab√≠amos hecho alguna vez. Todos somos pecadores. Por ejemplo, si yo digo que la corteza parietal se ha expandido en los seres humanos modernos puede explicar que tuvimos el potencial de manipular objetos con una motricidad cada vez m√°s fina, pero no que la tuvimos √ļnicamente porque se expandi√≥ nuestra corteza parietal o que se redujo la cresta sagital por mutaciones en varios genes de la miosina. Condiciones necesarias y que no son excluyentes, pero tampoco son suficientes.

En segundo lugar, el enfoque eco-evo-devo en Psicolog√≠a Evolucionista intenta resolver algunos problemas explicativos de otros que han tenido un mayor relato y presencia a lo largo de estas √ļltimas d√©cadas, como la escuela de Santa B√°rbara, centrada sobre todo en el correlato biol√≥gico-conductual, la selecci√≥n sexual, la modularidad cognitiva y la Era de las Adaptaciones, siendo la m√°s conocida y vilipendiada. Ignora que no tenemos m√≥dulos, sino procesos, dominios y sistemas cognitivos, lo que en apariencia puede parecer lo mismo, pero no lo es. No es lo mismo decir que tenemos m√≥dulos cognitivos para cocinar o cazar, que se asemeja a la gilipollez de las inteligencias m√ļltiples, a decir que tenemos procesos atencionales, mn√©sicos, ejecutivos y ling√ľ√≠sticos productos, todos ellos, de la interrelaci√≥n de sistemas aferentes y eferentes, sensibles a su vez a las leyes del aprendizaje y al entorno sociocultural.

Tampoco tuvimos una era de las adaptaciones con un Gran Salto Adelante en el Paleolítico Superior Europeo. Toda nuestra evolución como especie es una era de las adaptaciones, incluso antes de ser humanos, antes de ser homininos o primates. Es cierta la aceleración cultural hace 45 kya, como lo es la de la Middle Stone Age hace 77 kya, como asu vez lo fue la aparición de los HAM hace entre 320 y 200 kya, la aceleración hace 500-400 kya de los preneandertales y el fuego, etc. Nos gustan los hitos, ponerles nombres y organizar un relato tras ello, sobre todo si eso implica a Europa. Sin embargo, hay que prestarle más atención a la historia evolutiva, a los tiempos y al mosaicismo propio de todo proceso evolutivo. También me produce dentera la obsesión por la selección sexual.

Es obvio que el sexo biol√≥gico tiene una importancia clara a la hora de explicar la variabilidad conductual, y fenot√≠pica en general, de cualquier especie pero con nosotros existe un problema doble: no hace hincapi√© en su relaci√≥n ni con la selecci√≥n social o ecolog√≠a del comportamiento (v√©ase Dunbar) como con la relaci√≥n entre filogenia y ontogenia. La variabilidad individual, la prevalencia de perfiles en una poblaci√≥n y la diversidad de fenotipos quedan fuera del brochazo grueso de estos discursos. V√©ase por ejemplo la risible pirueta que se han hecho siempre con los postulados de Dart y la caza, ignorando por complejo a la mujer biol√≥gica en este aspecto. O hablar de virtue signaling centr√°ndose √ļnicamente en aspectos de competencia intrasexual, ignorando que la virtud es m√°s que relativa (salvo honrosas excepciones) en nuestra especie. Otro ejemplo que no me deja dormir es confundir el adaptacionismo con la selecci√≥n positiva de rasgos, como puede verse en los fenotipos donde el autismo est√° presente.

No es lo mismo decir que tal rasgo es una adaptaci√≥n porque est√° presente en pr√°cticamente la mayor√≠a de los seres humanos, a que el autismo es otra adaptaci√≥n porque est√° presente en un grupo determinado de la poblaci√≥n, con su variabilidad propia. Es decir, la selecci√≥n positiva de rasgos explica mejor la diversidad de estos que forman nuestra variabilidad conductual, as√≠ como los subproductos evolutivos, las compensaciones y el ruido en la gen√©tica de las poblaciones. No se trata de ser moderno, ni woke, sino de establecer correlatos con un m√≠nimo de sensatez. A su vez, la importancia de nuestra ontogenia, que parece olvidada, no trata √ļnica y exclusivamente de dar ese papel cada vez m√°s relevante a la neotenia, altricialidad y a la longevidad de cada uno de nosotros, sino explicar que precisamente por esto, por ser hipersensibles a lo largo de una vida larga, de madurez tard√≠a y dependencia contextual, es lo que nos lleva al cuarto punto que es la selecci√≥n cultural. Somos animales especialmente sensibles a la cultura, como dir√≠a Tomasello. Primero por ser animales que crean nicho y a su vez por ser primates, pues nuestro orden ha encontrado en la cultura el puente adecuado entre entorno social y f√≠sico, lo que nos vuelve a llevar a la ecolog√≠a del comportamiento.

Si observ√°is al resto de primates ver√©is que algunos son capaces de crear tradiciones culturales. Es importante el cociente de encefalizaci√≥n para observar conductas sociales complejas, pero necesitas de entorno social complejo (por ejemplo ser animales solitarios no favorece, como pasa con los l√©mures, y en otros no es importante, como pasa con los orangutanes), poseer una conducta tr√≥fica que implique una presi√≥n selectiva diferencial, como pasa con los antropoides y su dependencia por la fruta madura y estacional, y, claro, tener de cultura acumulativa. O m√°s bien la capacidad de que la relaci√≥n entre esa funci√≥n de emular, imitar, innovar y transmitir nociones culturales de una generaci√≥n a otra sea otra parte del estudio en Psicolog√≠a Evolucionista, como pasa con las relaciones genes-cultura. No es lo mismo que un animal sea sensible a la m√≠mesis o al contagio conductual ante la presencia intraespec√≠fica que lo sea al aprendizaje pedag√≥gico, ni que un animal est√© determinado pr√°cticamente en todos sus aspectos cognitivos y conductuales por el lenguaje, como pasa con nosotros que tenemos enc√©falos especialmente grandes, as√≠ como una cognici√≥n contaminada por la visi√≥n, manos prensiles y una metacognici√≥n sociocultural, a que un capuchino Sapajus fabrique o manipule industria l√≠tica para machacar nueces. Ambas presiones, lenguaje e industria l√≠tica, son aspectos culturales pero los caminos evolutivos de ambos taxones han sido completamente distintos, lo que nos lleva al √ļltimo punto que es la clad√≠stica.

√Čsta es la rama de la Biolog√≠a que se centra en las relaciones de los organismos en cuanto a similitudes y diferencias, esos parecidos razonables que a veces no lo son tanto y que otras muchas producen divisiones irreconciliables tanto en la Psicolog√≠a Comparada como en la Primatolog√≠a, que en mi opini√≥n deber√≠an ser los pilares m√°s importantes de la Psicolog√≠a Evolucionista, junto a la Psicolog√≠a del Desarrollo. Es decir, se trata del an√°lisis de las sistem√°ticas filogen√©ticas que observamos en las relaciones de las distintas especies y lo que ha producido que existan dos corrientes principales en nuestros campos de estudio, como es el rupturismo (Povinelli) y el continuismo (de Waal). El primero se centra en qu√© cambios cuantitativos han producido cambios cualitativos, como las presiones culturales que han conformado un sistema nervioso tan complejo como el nuestro, y el segundo en los rasgos que nos unen a las especies, viendo los cambios como parte de un continuo.

Si bien normalmente es un aspecto central en el estudio de la Morfolog√≠a de las especies, veo que es especialmente √ļtil tambi√©n en otros elementos como son los conductuales y cognitivos. El mundo es para los valientes, como dir√≠a mi padre. Por ejemplo, es interesante observar una apomorf√≠a (rasgo derivado o novedoso de un grupo monofil√©tico) como es la bipedestaci√≥n siendo el tipo de desplazamiento principal en los seres humanos, que es derivado a su vez de una sinapormof√≠a (rasgo novedoso compartido por todo un tax√≥n) como lo es la ausencia de cola en Hominidae y que fue novedoso en su momento partiendo de una plesiomorf√≠a (rasgo ancestral) como lo fue la presencia de cola, o vivir y desplazarse a su vez por el dintel de los sistemas boscosos.

Lo interesante de estos aspectos es implicar rasgos que van m√°s all√° de lo morfol√≥gico y lo ecol√≥gico, yendo a lo puramente conductual. Si separamos lo que tenemos en com√ļn de lo que tenemos como propio, no solo nuestra especie sino cualquier otra. Es decir, ser√≠a interesante explicar por qu√© si los Cercopithecini tienen dominancia hemisf√©rica inversa a la nuestra tambi√©n poseen sistemas de comunicaci√≥n complejos, como son las vocalizaciones y la sem√°ntica; por qu√© un cuervo de Nueva Caledonia tiene una mayor cognici√≥n implicada en el uso instrumental de herramientas que un tit√≠ pigmeo (y no me vale que me dig√°is que estos √ļltimos no tienen pulgares oponibles, cuando un cuervo no tiene manos siquiera); por qu√© especies tan separadas como la nuestra y el perro muestran una sensibilidad hacia la mirada tan distinta al resto de especies (domesticaci√≥n mediante, s√≠, pero necesito estudiar las razones); o por qu√© los bonobos son m√°s sensibles al entorno social y los chimpanc√©s al entorno f√≠sico. En definitiva, la raz√≥n por la que soy rupturista no es el antropocentrismo, sino porque no quiero observar discursos evolucionistas de pura fantas√≠a donde la presi√≥n evolutiva que sufrieron los chimpanc√©s hace menos tiempo que cuando nos separamos de ellos, pueden explicar nuestras propias presiones evolutivas o que si soy un padre soltero que cr√≠a a sus hijos no formo parte de un esquema donde el discurso es m√°s importante que los matices. Menos eslabones perdidos y m√°s patrones que nos hacen ser como somos.

Referencias:

Dunbar, R.I.M, Barrett, L. & Lycett, J. (2005). Evolutionary Psychology: A Beginner¬īs Guide. London: Oneworld Beginner¬īs Guide.

Richter, S. & Meier, R. (1994). The Development of Phylogenetic Concepts in Hennig’s Early Theoretical Publications (1947-1966). Systematic Biology, 43(2), 212‚Äď221.

Tomasello, M. (2019). Becoming Human: A Theory of Ontogeny. Harvard University Press.

Wilkins, J. S. (2009). Species: A History of the Idea. University of California Press.

Canción recomendada:

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Yo te voy leyendo…. Espero que conforme lea m√°s, entienda m√°s y creo que me resultar√° m√°s interesante incluso que lo que me puede resultar ahoraūü§≠ūü§≠ūü§£ūü§£…. Entiendo que yo soy muy ajeno a la materia y el nivel de los textos es elevado… De todo no se puede saber, por eso estoy “aqu√≠”. Un saludo

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