Neurotoxicología (1). El muerto vivo.

ūüďĖūü߆ Una historia sobre Hait√≠, el vud√ļ y sus zombies.

Neurociencia B√°sica & Evolutiva

‚ÄúNo puedo opinar al respecto, pero quiero dejar claramente sentado que no hab√≠a nada provechoso en el hecho de que esas cabezas permanecieran all√≠. S√≥lo mostraban que el se√Īor Kurtz carec√≠a de frenos para satisfacer sus apetitos, que hab√≠a algo que faltaba en √©l, un peque√Īo elemento que, cuando surg√≠a una necesidad apremiante, no pod√≠a encontrarse en su magn√≠fica elocuencia. Si √©l era consciente de esa deficiencia, es algo que no puedo decir. Creo que al final lleg√≥ a advertirla, pero fue s√≥lo al final. La selva hab√≠a logrado poseerlo pronto y se hab√≠a vengado de √©l con la fant√°stica invasi√≥n de que hab√≠a sido objeto. Me imagino que le hab√≠a susurrado cosas sobre √©l mismo que √©l no conoc√≠a, cosas de las que no ten√≠a idea hasta que se sinti√≥ aconsejado por esa gran soledad‚Ķ y aquel susurro hab√≠a resultado irresistiblemente fascinante. Reson√≥ violentamente en su interior porque ten√≠a el coraz√≥n vac√≠o‚ÄĚ.

Joseph Conrad, El Coraz√≥n de las Tinieblas (1899)

Una nación en las tinieblas

El 1 de enero de 1804, pese a tenerlo todo en contra, Hait√≠ declar√≥ su independencia frente a la metr√≥polis, la Francia de Napole√≥n. Fue la primera naci√≥n esclava en hacerlo, la primera de Am√©rica Latina, la primera patria de negros libres. Tambi√©n fue la primera en ser avistada por Col√≥n, que posteriormente llamar√≠a a la isla en su conjunto La Espa√Īola pues sus habitantes originales, los ta√≠nos, la conoc√≠an como Ayt√≠, o tierra de monta√Īas. Los franceses, como pueblo enormemente ineficaz y maligno en todo lo que se propone, no dejar√≠an descansar a los m√≠seros negros cimarrones pues Hait√≠ fue una fuente enorme de ingresos para la √©poca, despuntando sobret odo en la industria del az√ļcar o las especias y porque lo de libert√© y egalit√© era para los europeos blancos, en ning√ļn momento se les pas√≥ por la cabeza liberar a toda la poblaci√≥n negra de la isla. Y claro, a partir de aqu√≠ lleg√≥ su declive pues, si algo ten√≠an claro las potencias occidentales es que la mano de obra barata que llegaba de √Āfrica pod√≠a llegar a entender, dentro y fuera de las fronteras de la isla, que pose√≠a brazos para trabajar, as√≠ como para rebanar los cuellos de aquellos que los dominaban. Eso, unido a la dependencia de la agricultura y el comercio de art√≠culos exclusivos para Europa, hizo que otras potencias como los Estados Unidos bloquearan las rutas comerciales de la joven naci√≥n, pues lo √ļltimo que deseaban es que se pusiera de moda eso de reivindicar libertades entre los negros y dem√°s posesiones. No en vano, Louisiana fue colonia francesa hasta 1803 y estuvo siempre vinculada de alguna u otra manera a Hait√≠, siendo una de las pocas regiones de Estados Unidos que, adem√°s de tener origen franc√©s y caj√ļn, muestra honrosamente sus ra√≠ces y v√≠nculos con el vud√ļ y la tradici√≥n cultural haitiana. Por su parte, los gabachos no reconocer√≠an su independencia hasta m√°s de treinta a√Īos despu√©s, no sin haber vetado y destruido cualquier producto proveniente de la antigua colonia.

Durante m√°s de un siglo despu√©s Hait√≠ ver√≠a un par de guerras que crearon el caldo de cultivo perfecto para la inestabilidad pol√≠tica y social, y la reivindicaci√≥n cultural de la mayor√≠a negra del pa√≠s, hasta que los norteamericanos decidieron invadirla y mandar a tomar por culo cualquier intento de emancipaci√≥n efectiva ante el dominio militar. Como es de entender y al igual que en todas las colonias que establecieron las potencias europeas en el Nuevo Mundo (sic), la clase dirigente estuvo en un principio formada principalmente por blancos nacidos en suelo colonial, criollos que mantuvieron las fuertes costumbres y tradiciones del Viejo Mundo a costa de la poblaci√≥n local y los esclavos del √Āfrica Negra. Estos √ļltimos formaban el mayor grupo demogr√°fico de la isla, en su totalidad, con una proporci√≥n de nueve a uno frente al hombre blanco, siendo una mano de obra barata, reemplazable y eficaz para el prop√≥sito de las clases dirigentes, as√≠ como para los mulatos y otras mezclas de sangre. Al independizarse erradicaron a los criollos, pero no sus costumbres. Al fin y al cabo, la clase dirigente y militar que liber√≥ a Hait√≠ termin√≥ diferenciando tambi√©n la negritud de la piel, del mulato al negro tiznado, y con ello el nivel socioecon√≥mico de sus habitantes. Ese popurr√≠ cultural y racial en que fue evolucionando el pa√≠s con un poquito de culpa y santoral cristianos absorbidos de los antiguos colonos, otro poquito de medicina ta√≠na y un pu√Īado enorme de animismo africano y sus orishas, junto con el conocimiento adecuado de todo elemento comestible y esnifable de la regi√≥n, dieron lugar al vud√ļ haitiano, tan negro como quienes los practican y desconocido como la historia de este estado siempre fallido. Al fin y al cabo, nadie puede negar que fuera el vud√ļ el que liber√≥ Hait√≠ y el que se encarg√≥ de enterrarlo, que fueran sus sacerdotes los que enarbolaron las banderas que defend√≠an el derecho a la vida y la igualdad como hombres, pero tambi√©n los que encontraron la excusa perfecta en la religi√≥n sincr√©tica para crear una naci√≥n con una sed de sangre insaciable que la condenar√≠a a la m√°s m√≠sera de las miserias y jam√°s conseguir√≠a levantar cabeza. En el fondo, la emancipaci√≥n de Hait√≠ nunca lleg√≥ a ser total porque jam√°s se lo permitieron desde el exterior, ni los negros despertaron en el momento adecuado durante esos ciento y pico de a√Īos hasta que llegara nuestro hombre. Hasta que lleg√≥ el horror.

Un muerto vivo campechano

En 1957 ascender√≠a al poder Fran√ßois Duvalier, conocido cari√Īosamente como Papa Doc. Como su apodo indica, Duvalier ejerci√≥ de m√©dico durante muchos a√Īos. Un m√©dico pero de estos de pueblo, enrollado y campechano, cuya simpat√≠a y buen hacer le otorgaron una popularidad lo suficientemente grande para que se presentara a las elecciones. Luch√≥ contra las enfermedades tropicales que acababan con los suyos y pronto lo har√≠a con ellos pues, adem√°s de erradicar dichas epidemias, arrasar√≠a su propio pa√≠s para convertirlo en un erial donde la muerte ser√≠a su m√°ximo exponente cultural, nutriendo sus acciones sobre dos pilares en los que cimentar√°, durante tres lustros, una de las dictaduras m√°s crueles y despiadadas de la historia. Por un lado la negritud, la base de la identidad del haitiano oprimido, cuyos ancestros fueron arrancados del Golfo de Guinea por el hombre blanco que los domin√≥ y los conden√≥ a una vida miserable durante siglos, implicaba devolver todo ese racismo con una buena dosis de furia africana. Duvalier era m√°s negro que la noche, que la brea, que los huevos de un gorila, y se sent√≠a tremendamente orgulloso de ello. Los negros deb√≠an reclamar lo que se les hab√≠a negado durante tres siglos, merec√≠an una venganza acorde a su sufrimiento, merec√≠an Hait√≠ sobre todas las cosas. Con su negritud, Papa Doc arras√≥ con todo aquello que ol√≠a a apertura hacia las potencias europeas y a Estados Unidos, cerrando fronteras y rutas comerciales con los mismos, eliminando a opositores, a simpatizantes, a maricones, a mestizos. Nadie era m√°s negro que √©l, nadie estaba a salvo.

Para ello emplear√≠a el otro aspecto que, seg√ļn √©l, diferencia a Hait√≠ del resto del mundo, que la convierte en due√Īa y se√Īora de su destino. Este otro pilar, el vud√ļ, es una amalgama de creencias que combina lo monote√≠sta y politeista, jugando con los santos cristianos y esos dioses de todas las cosas que tienen las religiones con panteones extensos. Duvalier no s√≥lo consideraba escoria a erradicar todo lo que oliera a colonial, sino a aquellos a los que anteriormente libraba de una muerte segura cuando ejerc√≠a de m√©dico campechano. √Čl se sab√≠a superior, sab√≠a que deb√≠a erigirse sobre los dem√°s y, adem√°s, supo c√≥mo hacerlo. Aprovech√≥ el analfabetismo y la ignorancia end√©mica de los suyos contra ellos mismos, sabiendo que la religi√≥n, las tradiciones y la supercher√≠a, en general, son el camino a seguir para dominar y aplastar cualquier rengl√≥n torcido en sus planes. Para ello se hizo vestir como el Baron Samedi, uno de los loa, los dioses vud√ļ, m√°s importantes. Samedi reencarnaba a la Muerte en la cultura haitiana y se suele representar con un se√Īor negro (claro) vestido de frac, con sombrero de copa, gafas de sol y fumando puros. Disfrazado bajo la imagen del Baron, hizo creer a los suyos que era una encarnaci√≥n del dios, justificando as√≠ las masacres con las que destroz√≥ a su pueblo y demostrando que, hiciera lo que hiciera, a la Muerte hay que honrarla.

A√ļn as√≠, en menos de un a√Īo sufri√≥ dos golpes de estado que resultaron est√©riles y contempl√≥ la necesidad de formar una milicia completamente leal para evitar cualquier intento por acabar con √©l a trav√©s de las armas. Para ello, se hizo acompa√Īar de los grupos paramilitares conocidos popularmente como los tonton macoutes, bestias carentes de moral y escr√ļpulos que arrasaban con todo a su paso y que convirtieron los sue√Īos de este repugnante ser en acciones contra la poblaci√≥n civil y cualquier opositor que osara plantarle cara. Su lealtad hacia Papa Doc era enorme, incluso sin contar con un sueldo, pues dichas tropas ten√≠an v√≠a libre para lo que les viniera en gana, y el terror que ejercieron durante esos a√Īos matando, violando, saqueando y destruy√©ndolo todo a su paso, unido al posterior apoyo al r√©gimen por parte de Estados Unidos para frenar el avance comunista en el Caribe (que bastante tuvieron con Cuba), hizo que la poblaci√≥n estuviera a merced de los machetes de estos monstruos vestidos de √≠ndigo y negrura moral. Su propio nombre alud√≠a a las leyendas locales sobre los hombres del saco que enviaban los loa para atormentar a todo lo que se moviera, especialmente mujeres y ni√Īos, a los que en realidad colgaban en lo m√°s alto de los pueblos como muestra de lo que pod√≠a ocurrirle a cualquiera que se cruzara con ellos. Aprovechando el terror provocado en la poblaci√≥n, Duvalier consider√≥ oportuno dejar claro que era un sacerdote bokor, algo as√≠ como un sith de Star Wars. Practicante de la magia negra (y dale) del vud√ļ, con poderes sobre la vida y la muerte. Fue precisamente este aspecto el que explotaron los tonton macoutes, haciendo creer a los aldeanos que eran zombies que actuaban bajo las √≥rdenes del hechicero.

Una de zombies

Un zombie o nzambi es un cuerpo que ni anda muerto, ni vivo. En el folclore haitiano se describe a una figura que, tras perder su humanidad en un proceso llevado a cabo por un sacerdote, seguir√° las directrices del que mantenga el embrujo sobre √©l hasta que deje de servir o reviente. Una semana antes pod√≠a ser tu vecino y a la siguiente una m√°quina de matar. Sin voluntad y sin necesidades, era la herramienta perfecta para infundir terror, lo que se ha explotado con mejor o peor fortuna en cine y televisi√≥n, ofreciendo una imagen bastante alejada de la tradici√≥n oral que comentamos. Porque para entender que fuera un miedo real hay que comprender el contexto y la ra√≠z de una f√°bula que puede llegar a entenderse como algo real, siempre y cuando se intente contemplar desde un punto de vista medianamente racional. Y claro, el problema radica en que podamos discernir donde acaba el cuento y empieza lo emp√≠ricamente demostrable y replicable. Para crear un zombie se han identificado, tradicionalmente, al menos cuatro sustancias empleadas en el ritual que llevan a cabo los bokor y que pueden explicar en cierta medida de d√≥nde parte el mito. Se ha asociado el empleo de belladona, la flor de espino, el calalou y la tetrodotoxina para crear esa magia que, de ingerirse, lo m√°s probable es que te mueras, as√≠ sin dar muchos rodeos. Pero si intentamos hacer un ejercicio de Fe en lo sobrenatural y estiramos todo lo que podemos las probabilidades de supervivencia del pobre diablo que ingiera semejante porquer√≠a podr√≠amos dar la siguiente explicaci√≥n.

Por un lado, la tetrodotoxina ser√≠a el ingrediente principal. Esta toxina que encontramos en el pez globo es la raz√≥n por la que los japoneses son un pueblo realmente valiente o bien tremendamente gilipollas, porque se trata de una de las neurotoxinas m√°s poderosas que podemos encontrar en la naturaleza y que provoca un cuadro que incluye parestesia en cara y extremidades, seguidas de par√°lisis generalizada, insuficiencia respiratoria y muerte. Por otro lado, se ha estudiado en escasos sujetos que han sobrevivido a su ingesta el da√Īo neurol√≥gico asociado al habla, a la memoria sem√°ntica y a ciertas habilidades motoras, sobre todo aquellas que influyen en los movimientos finos y coordinados como las praxias. La tradici√≥n explica que el sujeto, en realidad, no muere si se le hace ingerir una dosis adecuada, mezclada a su vez con otras sustancias, provocando un estado let√°rgico donde la respiraci√≥n y el pulso de la v√≠ctima se vuelve tan lenta como imperceptible, hasta el punto de dar lugar a que se la entierre estando plenamente consciente de todo lo que pasa a su alrededor.

Toda esta historia con la tetradotoxina tiene que ver con Wade Davis, un etnobot√°nico que estudi√≥ las creencias culturales y las posibles explicaciones de los zombis en Hait√≠ en 1982 y public√≥ un art√≠culo titulado en el Journal of Ethnopharmacology en 1983. Este art√≠culo ofrece una buena discusi√≥n de los complejos sistemas de creencias del vud√ļ relacionado con la migraci√≥n de esp√≠ritus despu√©s de la muerte. Davis afirm√≥ que los sacerdotes mal√©volos o bokors pod√≠an crear zombis envenenando a sus v√≠ctimas, revivi√©ndolas mediante procesos m√°gicos, preferiblemente despu√©s del entierro, y luego control√°ndolas mediante el uso de elementos psicoactivos. Recogi√≥ varios polvos proporcionados por bokors y afirm√≥ que el principal compuesto causante del estado zombi era √©ste, la tetrodotoxina, una potente neurotoxina frecuentemente mortal que se puede absorber por ingesti√≥n, inyecci√≥n o inhalaci√≥n o por roturas en la piel. √Čsta bloquea los canales de sodio r√°pidos activados por voltaje y causa par√°lisis muscular, incluido un paro respiratorio y claro, de ser as√≠, el uso de polvos que contienen esta toxina requiere habilidades especiales y / o suerte. Sin embargo, las afirmaciones de Wade Davis fueron posteriormente descartadas por farmac√≥logos en Jap√≥n que no pudieron identificar ninguna toxina activa en estos polvos, indivando que la ciencia subyacente a las afirmaciones de Davis era relativamente deficiente y que hab√≠a importantes preocupaciones √©ticas con respecto a este trabajo, incluida la posibilidad de que intentara pagar un bokor para crear un zombi. Como veis, ya hab√≠a sexy science hace 40 a√Īos.

Sin embargo, tambi√©n existen otros candidatos. Por un lado los cannabinoides pueden dar lugar a estados alterados de consciencia y catalepsia lo cual me recuerda una cosa relacionada con los cannabinoides sint√©ticos. No s√© si os acord√°is de los casos aquellos que se dieron en julio de 2016 con al menos 33 personas con comportamiento zombie generando el caos, siendo al menos 18 pacientes trasladados a centros de emergencia.¬†Se obtuvieron muestras de suero, sangre total y orina de ocho de ellos.¬†El primero, el paciente modelo, era un hombre de 28 a√Īos que respondi√≥ lentamente a las preguntas y ten√≠a una mirada en blanco.¬†El examen f√≠sico revel√≥ letargo, una puntuaci√≥n de 13 en la escala de Glasgow y per√≠odos intermitentes de gemidos y movimientos mec√°nicos lentos de brazos y piernas.¬†Su comportamiento se normaliz√≥ despu√©s de aproximadamente 9 horas de observaci√≥n.¬†Las pruebas de laboratorio y las pruebas de detecci√≥n de drogas no revelaron ninguna explicaci√≥n alternativa para este comportamiento.¬†Todos ten√≠an restos de metabolitos de AMB-FUBINACA en sangre un cannabinoide sint√©tico a base de indazol. Otras drogas sint√©ticas pueden crear comportamientos extra√Īos, como delirio agitado, arrebatos violentos y confusi√≥n.¬†La flakka es una catinona sint√©tica que estimula la liberaci√≥n de dopamina e inhibe la recaptaci√≥n de epinefrina, noradrenalina y serotonina en el sistema nervioso central, y fue estudiada tras el caso de un estudiante de 17 a√Īos que desarroll√≥ un estado mental alterado con agitaci√≥n y comportamiento psic√≥tico despu√©s de su ingesta, y que requiri√≥ tratamiento sintom√°tico con benzodiazepinas y antipsic√≥ticos durante d√≠as antes de que se volviera algo coherente.¬†Sin embargo, despu√©s de la mejor√≠a, continu√≥ teniendo s√≠ntomas residuales con agitaci√≥n y cognici√≥n reducida.¬†Ambas drogas entran el grupo conocido coloquialmente como sales de ba√Īo. Por otro lado, tampoco hay que descartar otros candidatos como las enfermedades propias de regiones pr√≥ximas a los tr√≥picos, pues los mosquitos son portadores de los virus Zika, dengue, chikungunya y del Nilo Occidental y pueden crear epidemias capaces de cambiar su potencial neuroinvasivo y crear nuevos s√≠ndromes, incluida la encefalopat√≠a cr√≥nica con caracter√≠sticas similares al fenotipo zombi.¬†Y bueno, no podemos asegurar la existencia de drogas sint√©ticas hace d√©cadas en Hait√≠.

Pero volvamos a la hip√≥tesis original de la tetradotoxina. Para mantener las constantes, la flor de espino puede actuar como cardiot√≥nico en las fases postreras del proceso, aunque esto ya son impresiones de vuestro miserable servidor. La belladona por su parte provoca alucinaciones que empeorar√≠an la experiencia catal√©ptica. En el caso del calalou, se usar√≠a para enga√Īar al paladar y ayudar a la ingesta de toda la porquer√≠a anterior, porque es inofensivo. Todo esto, unido a un estado de indefensi√≥n que pod√≠a durar d√≠as sin haber palmado (e insisto en aquello de hacer un ejercicio de Fe), junto con el hecho de que te encuentres enterrado a dos metros bajo tierra y pierdas la orientaci√≥n es, as√≠ como muy resumido, el proceso de creaci√≥n de un muerto vivo.

Que lo primero que veas cuando te levantes sea a un brujo dici√©ndote que eres una alima√Īa, que le vas a trabajar gratis y te niegue la vida tampoco es que sea una novedad, nos pasa a todos. Lo que lo hace especial es que Papa Doc, como buen s√°trapa que fue, aniquil√≥ sin piedad a doscientos mil haitianos bajo su mandato y el vud√ļ lo hizo, aunque fuera a trav√©s de una sugesti√≥n colectiva, todo m√°s f√°cil. En pleno siglo XX y con los americanos sob√°ndole bien el lomo, como a todos y cada uno de los dictadores que se han ido muriendo pl√°cidamente en sus camastros. Porque claro, ante la Muerte todos somos iguales, incluido √©l, que la di√Ī√≥ por un paro card√≠aco y no pudo volver del otro barrio. Pero el da√Īo ya estaba hecho, su hijo mantendr√≠a una dictablanda hasta que le dijeron que se fuera, que lo √ļnico que tem√≠an era al hambre y al futuro de mierda que les esperaba, pero sin ellos.

Por un lado debemos separar la influencia que tiene la palabra del vud√ļ y el trasfondo de una dictadura militar en el mito y por otro entender la ciencia que pueda darse, en el caso de que existiera. Que no hay duda, vaya. A Duvalier y sus monstruos le debemos los zombies en la cultura popular, pero tambi√©n el negror que cobra el significado del vud√ļ para Occidente. Es innegable que para muchos esta religi√≥n es sin√≥nimo de algo jodido, de algo inevitablemente maligno. Esta severidad, la de la muerte, ha sido tanto su estigma como su tobog√°n medi√°tico, porque no hay nada m√°s directo y cre√≠ble que un peligro mortal ya que a todos, tarde o temprano, nos llega la hora de echarnos la Gran Siesta. Pero por otro lado, nos encontramos con una vulnerabilidad que es ajena a la raz√≥n y que incluso puede pesar sobre aquellos que se tengan como m√°s espabilados. Esta lacra, la de la profec√≠a autocumplida, condiciona las acciones que tomamos en el futuro. En el caso que estamos abordando, una simple maldici√≥n es suficiente para provocar un sentimiento de indefensi√≥n en el individuo. Sin embargo, cuando hay machetes de por medio la amenaza es m√°s bien real, una condena a muerte. Todo ello, sumado al terror de la dictadura, pudo dar lugar a esta espiral de muerte que desgarr√≥ un pa√≠s y lo mand√≥ al olvido, conden√°ndolo de por vida por un pasado tan pesado que ni el futuro puede vislumbrarse con claridad, m√°s all√° de la mala suerte que ha corrido en estos √ļltimos a√Īos. Los haitianos, por si acaso, mantienen una guardia perpetua vigilando el mausoleo del grand√≠simo hijo de puta, no vaya a ser que un d√≠a se aparezca lleno de vida y contento, dici√©ndole a todo el mundo que se equivocaron de muerto.

Referencias:

Davis E. W. (1983). The ethnobiology of the Haitian zombi. Journal of ethnopharmacology9(1), 85‚Äď104.

Narahashi, T. (1988) In Handbook of Natural Toxins, Vol. 3, Marine Toxins and Venoms. (ed. Tu, A. T.). Marcell Dekker, New York, pp. 185‚Äď210

Narahashi T. (2008). Tetrodotoxin: a brief history. Proceedings of the Japan Academy. Series B, Physical and biological sciences84(5), 147‚Äď154.

Nugent, C., Berdine, G., & Nugent, K. (2018). The undead in culture and science. Proceedings (Baylor University. Medical Center)31(2), 244‚Äď249.

Canción recomendada:

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