Pirotecnología (1). Danza del fuego.

ūüďĖūüíÄ ¬ŅPor qu√© bailan los chimpanc√©s delante del fuego?

Paleoantropología & Paleoneurología

La evidencia actual del uso del fuego de los hom√≠nidos se limita a datos arqueol√≥gicos y paleoantropol√≥gicos. Sin embargo, los hom√≠nidos que exhiben tal evidencia de un posible uso y asociaci√≥n del fuego deben haber experimentado las fuerzas que impulsan estas adaptaciones durante alg√ļn tiempo antes de su visibilidad en la morfolog√≠a. Es decir, que especies como Homo erectus muestren adaptaciones potencialmente relacionadas con un cambio hacia los alimentos cocidos indica un inicio mucho m√°s temprano para los usos activos y pasivos del fuego, pero no lo conocemos. Por lo tanto, los datos arqueol√≥gicos y paleontol√≥gicos por s√≠ solos pueden ser insuficientes para identificar los pasos que conducen a la evidencia visible de la fabricaci√≥n del fuego. De hecho, por poder, podemos especular si fue macho o hembra el o la primera que produjo y mantuvo un fuego de hogar, y nos pondr√≠amos m√°s o menos medallas sobre lo muy mal que argumenta el que sugiere lo contrario a nosotros y viceversa. Como podr√©is entender, para m√≠ es perder el tiempo. En primer lugar, porque no lo sabemos ni lo sabremos jam√°s; en segundo lugar; porque no porta nada en absoluto a la evidencia; en tercer lugar, porque no necesitamos saberlo; en cuarto lugar, porque estamos obsesionados con encapsularlo absolutamente todo en fases o estadios, y olvidarnos de los procesos; en quinto lugar, porque hablamos mucho de cognici√≥n y poco de tradiciones; en sexto lugar, que mucha de la industria de los hom√≠nidos es perecedera, se destruye por el paso del tiempo y sus inclemencias; en s√©ptimo lugar, porque parece ir m√°s enfocado a agradar la agenda o el relato de seg√ļn qu√© color pol√≠tico; y por √ļltimo, porque ni de lejos somos los √ļnicos animales que aprovechan el fuego. Que no es lo mismo aprovechar que crear, s√≠, pero todo es un proceso. De hecho, si queremos conocer la ra√≠z, sugiero que nos adentremos en algo m√°s sencillo como observar algo que conocemos como forrajeo √≠gneo en la naturaleza.

La idea del forrajeo √≠gneo proviene del mundo animal. Si bien solo nosotros hemos adquirido el dominio total del fuego hay casos de depredadores de mam√≠feros, como los guepardos, que se posicionan para saltar sobre presas que huyen de los incendios o de muchas especies de aves seguidoras del fuego, que se ubican estrat√©gicamente para acorralar a sus v√≠ctimas aterrorizadas y perturbadas por el calor y el humo, casos mucho mejor registrados que los que ata√Īen a nuestros or√≠genes y que abundan en todos los continentes. Estos casos muestran la disponibilidad de recursos que pueden aparecer para especies oportunistas como la nuestra y su posible ventaja selectiva. El forrajeo de recursos producto de los incendios provocados por los rayos puede explicar (en parte) la radiaci√≥n Homo y s√≥lo exige una atracci√≥n hacia las tormentas que los producen, con un uso pasivo y oportunista de este elemento atmosf√©rico con la esperanza de beneficiarse de recursos adicionales asociados al fuego. Ni siquiera hablamos de grandes elementos cognitivos, sino de asociar cosas.

Tormentas hacer rayos, rayos hacer fuego, fuego hacer comida rica. Se especula, adem√°s, que hace 2,6 millones de a√Īos hubo un pico de actividad de tormentas provocado por un conjunto de explosiones c√≥smicas, como las supernovas, que pudo facilitar la exposici√≥n (y la radiaci√≥n) de los primeros Homo ante estos agentes atmosf√©ricos y los incendios provocados en la vegetaci√≥n por estos, y que fueran los grandes impulsores de Homo erectus para conquistar lindes m√°s all√° de tierras africanas. Para los hom√≠nidos, los beneficios podr√≠an incluir la recuperaci√≥n de huevos de aves, roedores, lagartos y otros animales peque√Īos, as√≠ como de invertebrados. Aunque el fuego no crea tales recursos, los hace mucho m√°s visibles, y la cocci√≥n al azar puede mejorar su digesti√≥n, que a su vez puede favorecer a nivel metab√≥lico a ciertas especies como la nuestra. Pero volvamos a la realidad, son inferencias, no podemos saberlo. Adem√°s, como coment√© antes, nos viene bien un poco de humildad porque otras especies tambi√©n pueden asociar elementos. Hay ciertos primates que le han perdido el miedo al fuego, un gran simio de hecho, lo cual se hace raro porque por lo general tiende a ser un azote para estas especies que viven en biomas boscosos. Es una subespecie de la que hablo, el chimpanc√© occidental o de sabana (Pan troglodytes verus).

Los chimpanc√©s se utilizan con frecuencia como modelos referentes para apoyar a nuestro conocimiento sobre evoluci√≥n humana porque las observaciones de simios vivos, cuando se combinan con pruebas arqueol√≥gicas, etnogr√°ficas y paleoantropol√≥gicas, nos permiten formular hip√≥tesis sobre el comportamiento de los hom√≠nidos extintos. Incluso teniendo, obviamente, unos l√≠mites por lo obvio que implica tener filogenias distintas. A√ļn as√≠, los empleamos en arqueolog√≠a de primates cuando tratamos estudiar las tradiciones culturales de tecnocomplejos creados con materiales perecederos, como ramas, hojas y otros elementos org√°nicos, que nos pueden dar pistas de lo mucho que seguimos sin saber de nosotros mismos. Los datos sobre los simios vivos pueden ser especialmente informativos, tambi√©n, respecto a temas como los or√≠genes del uso del fuego cuando se espera que el registro paleoantropol√≥gico y arqueol√≥gico sea escaso. Utilizando an√°lisis clad√≠sticos del comportamiento, Pruetz y LaDuke (2010) argumentan que comprender las capacidades de los simios vivos puede ayudar a los antrop√≥logos a identificar los rasgos que se derivan y los que probablemente tambi√©n caracterizaron a los primeros hom√≠nidos, es decir, los rasgos primitivos de nuestro linaje. De hecho, los chimpanc√©s que utilizan h√°bitats m√°s abiertos, como el entorno de mosaico de sabanas y bosques en el sureste de Fongoli (Senegal) enfrentan presiones ambientales similares a las de los primeros hom√≠nidos que experimentaron una creciente aridificaci√≥n y expansiones de la sabana hace cerca 2,8 millones de a√Īos. Este cambio ambiental influy√≥ tambi√©n en la estructura de las poblaciones de mam√≠feros, incluidos los hom√≠nidos, en √Āfrica oriental.

La capacidad de conceptualizar el “comportamiento” del fuego puede ser un rasgo sinapom√≥rfico que caracteriza al clado humano-chimpanc√©. Estos autores argumentan que si los fundamentos cognitivos de la conceptualizaci√≥n del fuego son un rasgo primitivo de los hom√≠nidos, las hip√≥tesis sobre los or√≠genes del control y uso del fuego pueden necesitar una revisi√≥n. Pero es que pr√°ticamente no sabemos nada de que fue de nosotros, en conjunto, hace entre 13 y 7 millones de a√Īos. Hay un vac√≠o que lo √ļnico que hace es invitarnos a llenarlo con relatos y necesitamos pensar en condiciones similares que pudieron dar lugar a elementos conductuales, como la atracci√≥n hacia el fuego, que nos pueda dar pistas. Esto es como hablar de mente modular, que si tenemos un modulo cognitivo para entender o crear el fuego en vez de opciones m√°s parsimoniosas centradas en la ecolog√≠a del comportamiento. Josep Call dice que estos autores cogen al chimpanc√© de Fongoli porque nos viene bien para se√Īalar determinadas influencias comunes y que hay que tener mucho cuidado para no investigar la especie que nos interese dependiendo de lo que queramos encontrar. Tambi√©n es cierto que Call dice que las plantas tienen cultura, por lo que me lo voy a tomar en serio con reticencias, porque admiro mucho su trabajo. Pero volviendo a los chimpanc√©s, es innegable que en ellos tenemos una oportunidad no ya de observar qu√© tal fue nuestro pasado evolutivo, sino de ciertos procesos comunes m√°s centrados en el aprendizaje y en los ambientes.

El aprendizaje asociativo de dos especies que se separaron hacen algo m√°s de 6 millones de a√Īos puede ser muy similar, en el sentido de que se pueden exponer a las mismas secuencias de est√≠mulos, o muy parecidas, en ambientes que pudieron llegar a tener condiciones concomitantes muy similares. Ambientes de sabana, con parches boscosos, donde se hace una vida en el suelo m√°s que sobre los √°rboles. La imposici√≥n de un sistema que permita aprender, generaci√≥n tras generaci√≥n, que existen antecedentes y consecuentes de una conducta da lugar una ritualizaci√≥n de esta √ļltima, a nivel ontogen√©tico y filogen√©tico. La ritualizaci√≥n no es m√°s que la repetici√≥n de conductas cladot√≠picas o especiet√≠picas de origen gestual, a veces estereotipias, que indican adherencia a un sistema idiosincr√°tico de comunicaci√≥n en una poblaci√≥n determinada. En los gorilas, por el ejemplo, se da el chest-beating y en los chimpanc√©s la danza ritual. Es decir, consiste en crear una tradici√≥n porque lo que aprende uno, lo transmite a otro, que lo aprende y lo modifica, y lo ense√Īa a otro porque implica mejorar, sin tener noci√≥n de ello, la fitness a trav√©s de repetirlo una y otra vez, que a su vez se adhiere al corpus de conductas de un grupo y que puede dar lugar a una conducta especiet√≠pica. Dicho de otra manera, cuando las consecuencias de perseguir el fuego de manera adecuada da lugar a consecuencias beneficiosas aprendemos que hay beneficios por llevar cuidado y por mostrar costumbres varias, pese a no haberlas tenido en cuenta al principio. No hace falta razonar, basta con inferir causas para poder tener una noci√≥n sobre algo.

Por ejemplo, los chimpanc√©s en Fongoli vigilan con calma los incendios forestales y cambian su comportamiento anticipando el movimiento del fuego. Es decir, al contrario que otras subespecies de chimpanc√©s, el verus espera su oportunidad. Tambi√©n lo hacen vervets (Chlorocebus pygerythrus) en Sud√°frica, que encuentra oportunidades tr√≥ficas en tierra quemada. Pero el chimpanc√© occidental va m√°s all√°, se deleita. De hecho, baila ante su presencia. Hay que recordar que por norma general los grandes simios son v√≠ctimas de grandes incendios, sean provocados o no. Pero estos t√≠os bailan. Todas las subespecies de chimpanc√© tienen lo que se llama danza de la lluvia, un t√©rmino que acu√Ī√≥ Jane Goodall, y que es solo una gran exhibici√≥n o display masculina para mostrar dominio sobre otros individuos cuando tienen la lluvia encima.¬†Yo traer lluvia, t√ļ comer, yo mandar. Los machos se exhiben todo el tiempo por varias razones diferentes pero cuando se acerca una gran tormenta el√©ctrica, hacen esta exhibici√≥n realmente exagerada, que es casi como en c√°mara lenta. Los chimpanc√©s de Fongoli van m√°s all√°, con el macho dominante aguantando y erigi√©ndose amenazante delante del fuego, para seguir danzando y vocalizando de manera muy distinta a como acostumbran a hacerlo mientras las llamas devoran todo a su paso. Pero es que estos grandes simios son realmente interesantes.

Tambi√©n golpean con piedras, lanz√°ndolas sobre los troncos de los √°rboles, ante lo que cualquier antrop√≥logo llamar√≠a ritual o pensamiento religioso. No dudo sobre que sientan cierta religiosidad, pero si lo hacen desde luego que ellos son los protagonistas, la fuente de poder, dados los beneficios a los que se exponen cuando realizan los displays. Esto no lo realiza ning√ļn otro gran simio. Pero a√ļn hay m√°s. Tambi√©n cazan g√°lagos (Galago senegalensis) y colobos rojos (Piliocolobus badius) con lanzas afiladas, aunque no sabemos si las lanzas son una extrapolaci√≥n de los palitos que emplean en los termiteros, y sus sociedades son las m√°s igualitarias, donde las hembras tienden cazar m√°s a los primeros y los machos a los segundos, de todas las sociedades de los chimpanc√©s. Adem√°s, adaptan los nidos a las inclemencias del clima, reforz√°ndolos cuando hace viento o llueve. Estamos hablando de una subespecie que ha formado tradiciones muy especiales, adaptada a acortar los tiempos en el aprendizaje, y en lo relativo al fuego no podemos obviar el hecho de que circundan los incendios, esperan y se desplazan por la tierra quemada, que la pisan a menudo. √Čsta les facilita la locomoci√≥n en comparaci√≥n con la tierra donde abunda la hierba y, sobre todo teniendo en cuenta que no hay continuidad de bosques primarios. Adem√°s, le proporciona rica comida que puede alternarse con fruta de los √°rboles y con pinchos de mono. Por tanto, volvemos al tema de que es, sin duda, un grupo de primates que nos resultan interesantes para comprender nuestros propios or√≠genes.

A√ļn as√≠, recomiendo entender que no necesariamente se tuvieron que dar las mismas condiciones, pero tambi√©n nos ayuda a desligarnos de esa obligatoriedad que implica decir que hay que comprender para hacer. Por poder, con las mismas condiciones, podr√≠amos ense√Īarles a controlar el fuego porque es de lo que se trata, estratificar en tres fases: uso, mantenimiento y creaci√≥n del fuego. Sin embargo, me resulta m√°s interesante c√≥mo se puede crear una tradici√≥n pirotecnol√≥gica en un animal que no tiene nuestro √≠ndice de encefalizaci√≥n, pero que pudo enfrentarse a unas condiciones similares a nosotros cuando todav√≠a no √©ramos ni humanos. Tampoco es necesario antropormofizarlos. Basta con intentar conocer c√≥mo integrar los efectos de la luz y del calor del fuego en un proceso asociativo, como es el aprendizaje, y c√≥mo esta noci√≥n se transmite sin intenci√≥n de una generaci√≥n a otra. Basta con entender que disfrutan del fuego porque, siendo o no un dios, les hace sentir uno de ellos.

Referencias:

Harrod, J. B. (2014). The Case for Chimpanzee Religion. Journal for the Study of Religion, Nature and Culture8(1), 8‚Äď45.

Herzog, N. M., Keefe, E. R., Parker, C. H., & Hawkes, K. (2016). What’s burning got to do with it? Primate foraging opportunities in fire-modified landscapes. American journal of physical anthropology159(3), 432‚Äď441.

Heyes, C. M. & Ray, E. (2000) What is the significance of imitation in animals? Advances in the Study of Behavior, 29, 215‚Äď245.

K√ľhl, H., Kalan, A., Arandjelovic, M. et al. (2016). Chimpanzee accumulative stone throwing. Sci Rep, 622219 .

Pruetz, J. D., & Bertolani, P. (2007). Savanna Chimpanzees, Pan troglodytes verus, Hunt with Tools. Current Biology, 17(5), 412‚Äď417.

Pruetz, J.D. & Herzog, N.M. (2017). Savanna chimpanzees at Fongoli, Senegal navigate a fire landscape. Current Anthropology, 58(16):s0000.

Pruetz, J. D., & LaDuke, T. C. (2010). Brief communication: Reaction to fire by savanna chimpanzees (Pan troglodytes verus) at Fongoli, Senegal: Conceptualization of “fire behavior” and the case for a chimpanzee model. American journal of physical anthropology141(4), 646‚Äď650.

Canción recomendada:

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